El pasado 17 de enero, el salón de actos de la Biblioteca Nacional de España (BNE) se llenó de memoria y gratitud para homenajear y presentar un libro que recopila la vida de Elena Páez Ríos (1905-1998), una figura cuya labor silenciosa durante 47 años puso orden al caos de la historia visual de España. Nacida en el pueblo minero de La Unión (Murcia), Elena no solo fue una bibliotecaria excepcional, sino una mujer que encarnó el espíritu de progreso de la España de los años 20.

 De las «Sin Sombrero» a la Biblioteca Nacional

Formada en la mítica Residencia de Señoritas bajo la dirección de María de Maeztu, Elena perteneció a esa generación de mujeres valientes que desafiaron las convenciones. Su nieta, Ángela Santiago, recordaba con cariño una anécdota que define su rebeldía intelectual: a Elena y sus compañeras las llamaban las «Sin Sombrero», porque —según contaba la propia Elena— «nada más doblar la esquina de la calle Fortuny, los sombreros desaparecían misteriosamente» para caminar libres por Madrid.

Ese deseo de libertad se tradujo en una férrea disciplina académica. Ingresó en el cuerpo de archiveros y bibliotecarios en 1930, siendo la más joven de su promoción, y en 1932 llegó a la que sería su lugar definitivo: la Sección de Estampas.

Un legado entre cajas de zapatos

Elena, junto a un equipo de otras cuatro mujeres —Teresa Corredor, Consuelo Angulo, María Luisa Molina y Pilar Ducay—, se propusieron avanzar en la catalogación y organización de todo ese conjunto patrimonial que actualmente custodia la Sala Goya de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Trabajando «codo con codo», revisaron miles de volúmenes y redactaron a mano más de 400.000 fichas que hoy son la base del catálogo digital de la BNE.

Su hija, Elena María Santiago, relató cómo la pasión de su madre desbordaba en su  hogar: «El aparador del comedor de casa no tenía fuentes de porcelana, sino que estaba repleto de cajas de zapatos llenas de fichas manuscritas». De ese esfuerzo doméstico y profesional nacieron obras monumentales como la Iconografía hispana y el Repertorio de grabados españoles.

 La voz de la independencia

Al jubilarse en 1979, cuando le preguntaron en una entrevista cómo había podido llevar a cabo una tarea tan ingente de investigación y catalogación, su respuesta fue: «Simplemente, era mi deber como funcionaria.» Elena Páez Ríos no solo custodió dibujos de Goya o Velázquez; custodió la idea de que el servicio público es una forma de aportar y difundir el conocimiento. A sus 80 años, aprendió a usar el ordenador para seguir trabajando en su último catálogo sobre los Austrias, demostrando su afán por seguir aprendiendo incluso las nuevas tecnologías que son una herramienta fundamental para entender el pasado.