UNA PROFESIÓN POR DESCUBRIR. IV

LA RESTAURACIÓN DE DOCUMENTO GRÁFICO, dentro de los archivos, de las bibliotecas y en centros independientes.

Puede que no sea una profesión excesivamente nueva para descubrir, ya que en Archivoz, se ha tratado el tema de la restauración en diferentes ocasiones, sobre todo con la vinculación que tiene la profesión con Archivos y Bibliotecas de diferente tipología, como no podría ser de otra forma, (véanse los artículos: «La preservación de los archivos cinematográficos del MoMa» o La entrevista a Inés Baró, jefa del Laboratorio de Conservación Curativa del Archivo Nacional de la República de Cuba (Arnac).

Por ello, como editora, sigo con la serie de artículos que plantee para que todas la personas conozcan un poco más al detalle el trabajo que realizo. Siempre teniendo en cuenta que mis palabras no son detalles de procesos a seguir de ninguna manera, en ninguna intervención, ya que esto solo lo podemos realizar los profesionales especializados en la materia.

Las 3 primeras entregas fueron: Parte 1; Parte 2 y Parte 3 

TIPIFICACIÓN EN LA TOMA DE DATOS

Cuando empezamos a tomar un dato, siempre lo hacemos a nuestra manera, pero cuando los datos que se toman son muchos, múltiples y variados, necesitamos poner una normalización en su recogida. En España hay muchas normas UNE, vinculadas a muchos y diferentes temas, ya que la normativa nos informa y dirige para que vayamos en un mismo sentido.

Conocida y utilizada es también la Normalización Documental que se realiza en los Museos,  para que todas y todos podamos entender de que estamos hablando cuando realizamos nuestras investigaciones, por ejemplo, ya que en este artículo no vamos a hablar sobre organización y estructural museal.

Pero cuando trabajamos en la restauración de obras de arte y mas definidamente sobre documentación gráfica, la cosa se nos complica. Siempre nos refugiamos en las enseñanzas que hemos recibido, vamos a nuestros apuntes, y claro de obligado cumplimiento es visionar y estudiar las grandes entidades culturales: archivos históricos, bibliotecas nacionales, etcétera, para que nos den pistas sobre como lo debemos realizar. Me refiero a la toma de datos cuando tenemos delante una obra para la intervención. Igual da que sea un libro, una fotografía, un legajo o una lamina grabada.

Existen manuales de registro y documentación de obras de arte (sería largo citarlos), pero no en concreto sobre la toma de datos específicos internos. Y sobre todo la toma de datos específicos reales y útiles.

Cuando se está trabajando sobre un obra, ya de manera interventiva, que tenemos sobre la mesa junto con  materiales diversos de orden y funcionamiento como: bisturíes, gomas, pinzas, algodones, brochas, guantes, punzones, espátulas calientes, y más, es difícil tener un documento escueto, simple y razonado para tomar datos. Debiendo claro, realizar estas acciones a la vez. No podemos tomar datos en un ordenador, mientras tenemos la obra en proceso.

Por ello tenemos que recurrir siempre a la toma de datos en papel, esto es realizar, unas fichas donde esté reflejado todo lo que necesitamos de información sobre la obra a intervenir. El proceso de tipificación de estas fichas es lo complejo.

Lo normal es reflejar los datos de la obra en su generalidad, su identificación y descripción técnica, con el máximo detalle posible. Si por ejemplo, una obra como en el caso de la documentación grafica es un conjunto, véase,  un libro, a la hora de trabajar sobre él diferenciaremos en restauración, la encuadernación y el cuerpo del libro. Por ello deberemos utilizar 2 fichas.

Estos datos se tipifican y fijan dentro del trabajo habitual, así como el registro, las referencias y las fechas de entrada, intervención y finalización. Quizás aquí el proceso informático aun pueda servir, ya que lo podemos tomar como encabezamientos conjuntos.

Cuando realizamos el estudio fotográfico, también tipificamos la toma y el volcado de las mismas a nuestros ordenadores y bases de datos.

En este momento lo útil y dinámico es el papel, según realizamos el examen organoléptico y el físico, así como las comprobaciones químicas, las reflejamos en estas fichas de papel  y a ser posible escribiendo con un lápiz. Esto tiene sentido, ya que algunas veces si nos equivocamos podemos rectificar borrando sin ensuciar en exceso las fichas.

Así reflejamos con detalle el estado de conservación con sus deformaciones, manchas, daños puntuales y generales, tanto del soporte, el papel, como de la tinta. Vamos de todos los elementos sustentados.

Tras ello y las comprobaciones químicas, se detalla el diagnostico para proceder al tratamiento. En este momento ya hablamos de manejar al menos 4 fichas, tamaño folio impresas y diseñadas para hacer fácil el reflejar todos los datos.

El registro del tratamiento de restauración tiene una importancia especial ya que en estas fichas tipificadas vamos a volcar absolutamente todo lo que realizamos sobre la obra desde el desmontaje, si lo hay, hasta la limpieza mecánica, la consolidación o demás acciones, con proporciones, medidas y elementos utilizados.  Esto es muy importante reflejarlo ya que solo nosotras sabremos la actuación que hemos realizado y así dejamos constancia a investigadores/as y futuras generaciones de profesionales de nuestro trabajo, para que si lo tienen a bien, lo estudien, relean y si se ha avanzado en los procesos interventivos, vuelvan a intervenir la obra si lo necesita sabiendo todos los procesos técnicos a los que ha sido sometida. Ya forma parte de la historia evolutiva de la obra, siempre la acompañara de una u otra manera.

Existe además una ficha tipificada para los elementos de costura y otra que va evolucionando en los últimos años dedicada a las marcas de agua o filigranas. Junto con su debido calco por transparencia.  Obvio explicar que si las obras van a exposiciones temporales, cesiones o diversas muestras, la documentación necesaria para tales tramites también se anexa.

Como leen, es un proceso tan minucioso como parece, al que se le da suma importancia, y en este caso que nos ocupa se realiza tipificando esa toma de datos para unificar los criterios de trabajo, que más tarde se vuelca a una base de datos del sistema informático. Como método de trabajo todas las obras intervenidas por una o un profesional llevaran así el misma tipo de ficha a rellenar.

Así que cojamos el lápiz, a escribir.

 

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