Murcia

Gustavo Gillman: la extraordinaria memoria fotográfica del sureste español de entresiglos… y mucho más (Archivo General de la Región de Murcia)

El Archivo General de la Región de Murcia ha reunido un legado de más de 1.300 placas fotográficas de uno de los más sorprendentes fotógrafos de finales del s. XIX y comienzos del XX. Entre ellas se encuentran algunas de las primeras instantáneas en color realizadas en España.
Gillman (centro) junto a dos inversores extranjeros en del distrito minero de Las Menas, Serón, Almería (c. 1897).

Gillman (centro) junto a dos inversores extranjeros en del distrito minero de Las Menas, Serón, Almería (c. 1897).

Gustavo Gillman (Londres, 1856-Petrópolis, 1922) fue un ingeniero británico que vivió en el sur de España dedicado a diversas empresas mineras y a la construcción y explotación de una línea férrea entre las provincias de Murcia, Almería y Granada. Casado con una española, con la que tuvo una extensa descendencia, su residencia habitual se localizó en la murciana localidad de Águilas, aunque sus continuos compromisos laborales y su afición por los viajes le llevaron a recorrer continuamente la Península Ibérica y a visitar otros países como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Suiza o Italia, para más tarde, por motivos laborales pasar a Brasil, donde falleció. De una familia acomodada, tuvo una exquisita educación que incluyó disciplinas como la pintura, la música o la astronomía, además de dominar numerosos idiomas y contar con un espíritu sensible e interesado por todo lo que observaba en su entorno. Por su trabajo como ingeniero estuvo en contacto y tuvo una especial propensión a conocer y manejar los avances tecnológicos que fueron apareciendo en plena revolución industrial, entre ellos el de la fotografía.

Todo esto no sería excesivamente relevante si no fuera porque buena parte de sus desplazamientos y de su actividad profesional y familiar quedó ampliamente plasmada a través de la fotografía. Entre 1889 y 1922 impresionó centenares de imágenes, con una técnica y una plástica exquisitas, puesto que vivió y viajó acompañado, siempre e indefectiblemente, por sus cámaras fotográficas, con las que registró de forma única todo lo que veía de interés a su paso (paisajes, monumentos, obras públicas, personajes populares…). La fotografía constituyó para él una fuente de satisfacción y de orgullo, como lo demuestra los numerosos concursos fotográficos en los que participó en Inglaterra y en los que obtuvo diversos premios y menciones.

Como afirma el profesor Vázquez Casillas “Es en ese espacio (…) de uso de la imagen fotográfica, entre lo documental y lo creativo, en el que situamos, por lo tanto, la labor compositiva de Gustavo Gillman; un fotógrafo (claro es) no profesional, pero que excede con evidencia, por su capacidad e intelecto, el mero trasunto de captación objetiva (o domesticada) de la realidad para construir imágenes subjetivas sin perder por ello verdad”.

Esta amplia colección gráfica se generó tanto para su uso profesional como para su disfrute personal y familiar, sin excesivas pretensiones de divulgación más allá de la publicación de algunas de sus imágenes en revistas británicas especializadas. Sin embargo, tras su muerte su archivo fotográfico se fue dividiendo entre sus numerosos descendientes, residentes en distintos países (España, Suiza, Holanda…), al mismo tiempo que algunas imágenes suyas –por diversos avatares– acabaron en centros como el Museo del Traje (Madrid) o en el Archivo Municipal de Águilas. Paralelamente, las imágenes de Gillman circularon por el Sureste español y se reprodujeron durante décadas, la mayoría de las veces obviando su autoría. Y no ha sido hasta comienzos del siglo XXI cuando su figura como fotógrafo ha comenzado a ser conocida, valorada y reivindicada. Y también cuando parte de este legado ha se ha vuelto a reunir en una institución pública como el Archivo General de la Región de Murcia, que cuenta con una amplia vocación de conservación y difusión del patrimonio fotográfico.

La génesis del fondo de Gustavo Gillman: volumen, soporte y formatos

La colección que posee el Archivo General supera actualmente las 1.350 fotografías originales, entre negativos, diapositivas y copias en papel (aparte de otras 200 copias digitales cedidas por sus propietarios y realizadas a partir de otras tantas imágenes originales), y como se ha indicado, se ha ido conformando en los últimos años gracias a distintas y sucesivas donaciones, hasta constituir el conjunto fotográfico referido a Gustavo Gillman más importante en la actualidad:

– En 2009 D. Gabriel Folqués Lázaro, de Valencia, cedió poco antes de fallecer un conjunto de 465 fotografías, en su mayor parte negativas, además de libretas con anotaciones técnicas de las capturas fotográficas, diarios de viajes e informes, todo ello de puño y letra de Gillman, así como diversos objetos.

– En 2016 y 2020 los hermanos Van der Heijden, de Holanda, bisnietos de Gillman, hicieron donación de otro conjunto de 585 negativos y diapositivas, 1 daguerrotipo y 34 autocromos, buena parte de ellas instaladas en sus sobres originales y en diversas cajas de madera, realizadas por el propio fotógrafo.

– En 2019 otro bisnieto del fotógrafo, Gustavo Gillman Mellado, hizo donación de una colección de 276 negativos estereoscópicos datados entre los años 1904 y 1910, en sendas cajas de madera originales, con la especial particularidad de que estas imágenes son totalmente inéditas.

El fondo fotográfico en su conjunto que conserva el Archivo, datado entre los años 1889 y 1914, conserva las capturas que realizó Gillman con las distintas cámaras que poseyó a lo largo de su vida, en diversos procedimientos y formatos (negativo a la gelatina-bromuro, diapositivas, imágenes estereoscópicas, ambrotipos…), tamaños (desde las diapositivas de 80 x 80 mm, pasando por negativos de formato medio, hasta las grandes placas de vidrio de 240 x 300 mm) y soportes (vidrio, película flexible, papel…). Un auténtico muestrario de las distintas técnicas fotográficas de la época.

Gillman, pionero de la fotografía en color en España

La placa autocroma, ideada y comercializada por los famosos hermanos Lumière a partir de junio de 1907, fue el primer formato comercial en color hasta la aparición en 1935 de la película “Kodakchrome”. Se trata de un procedimiento por el que se obtenía una placa de vidrio positiva mediante la impresión de microscópicos puntos de los colores elementales. Pues bien, de acuerdo con las anotaciones de nuestro fotógrafo, el primer autocromo que impresionó en Águilas está datado el 30 de septiembre de 1907: apenas tres meses después de su presentación en París. Estaríamos, por tanto, ante la primera fotografía en color tomada en España y, que además, tenemos la suerte de conservar, aunque con algunos daños en la emulsión. Lo que, entre otras cosas, nos da idea de lo atento que Gillman estaba a las innovaciones fotográficas, a pesar de residir en el Sureste español.

“Entrance to Huerta house from porter’s door”, Águilas: primer autocromo de Gillman (30-9-1907)

“Entrance to Huerta house from porter’s door”, Águilas: primer autocromo de Gillman (30-9-1907)

El Archivo General conserva un total de 34 autocromos originales de Gillman y copia digital de otros seis que posee la familia Van der Heijden, datados entre 1907 y 1913.

Una diversidad de temáticas y geografías

A la pluralidad de técnicas y formatos fotográficos empleada por Gillman se une una diversidad de propósitos. Sus intereses fotográficos se pueden dividir en cuatro grandes grupos:

– Profesionales: instantáneas de fábricas e instalaciones industriales visitadas en el Norte de España (Cantabria y País Vasco), viajes a cotos mineros (Almería, Cádiz, Murcia…), cables aéreos, línea y obras del ferrocarril de Lorca a Baza, accidentes ferroviarios, así como la completísima serie de construcción del embarcadero de mineral de El Hornillo (Águilas), diseñado y construido por Gillman entre 1900 y 1903.

 

Mina a cielo abierto en Riotinto, Huelva (1900)

Mina a cielo abierto en Riotinto, Huelva (1900)

Grúa Titán durante la construcción del embarcadero de El Hornillo, Águilas (c. 1902)

Grúa Titán durante la construcción del embarcadero de El Hornillo, Águilas (c. 1902)

 

– Viajes y paisajes: abarca desde los entornos naturales desde los Alpes hasta la selva amazónica, pasando por la campiña inglesa y las montañas y campos del sureste español, así como vistas de monumentos y ciudades españolas (Madrid, Segovia, Toledo, Sevilla, Córdoba…) y extranjeras (Londres, París, Roma, Lisboa). También abundan las escenas marítimas y los barcos (de vapor y de vela), así como puntuales acontecimientos sociales (corridas de toros, apertura de las Cortes españolas…).

Real Tribunal de Justicia de Londres (1899)

Real Tribunal de Justicia de Londres (1899)

Pabellones de la Exposición Universal de París (1900)

Pabellones de la Exposición Universal de París (1900)

 

– Familiares: Gillman realizó numerosos retratos más o menos formales de su familia, tanto en su casa como en exteriores, además de registrar el interior y el entorno de sus distintas residencias en Águilas y en Petrópolis. Además, gustaba de disfrazar a sus hijos y de recrear escenas costumbristas o literarias.

– Etnológicas: Sin duda una de sus grandes pasiones. Gillman, quizás por su origen británico, gustaba de fotografiar a las clases populares rurales y urbanas, el bullicio de los mercados, el ambiente en las fuentes y lavaderos, los pastores con sus rebaños… Se especializó en apostarse junto a un camino o rambla con su cámara preparada, en apariencia de estar leyendo, para obtener instantáneas “robadas” en las que captaba de forma espontánea a campesinos a pie o a lomos de sus caballerías.

Canoa de Antonio do Ceo, Santa Cruz, Brasil (1912)

Canoa de Antonio do Ceo, Santa Cruz, Brasil (1912)

Mujeres en un camino cerca de Hondarribia, Guipúzcoa (1900)

Mujeres en un camino cerca de Hondarribia, Guipúzcoa (1900)

 

Como decimos, el legado de Gillman aporta un impagable testimonio en imágenes de las gentes y los lugares por donde discurrió, trabajó y vivió, tanto en España como en distintos países de Europa y América. He aquí un resumen numérico de los ámbitos geográficos que abarca.

Procedencias de las imágenes originales del fondo de Gustavo Gillman en el Archivo General

Ámbito geográfico Nº de fotografías
ESPAÑA (provincias):
Murcia 418
Almería 187
Madrid 53
Granada 45
Segovia 30
Toledo 30
Sevilla 28
Cádiz 20
Guipúzcoa 17
Alicante 12
Vizcaya 10
Cantabria 9
Álava 9
Huelva 8
Córdoba 5
Albacete 5
886
TOTAL
OTROS PAÍSES:
Brasil 259
Gran Bretaña (Londres, Inglaterra y Escocia) 84
Suiza (Cantón de Valais) 67
Portugal (Lisboa y Madeira) 16
Alemania (Selva Negra) 10
Francia (París) 11
Países Bajos (Rotterdam) 11
Italia (Roma) 5
463
TOTAL 1.349

Las sucesivas donaciones incluyen, además de negativos y positivos fotográficos, otro tipo de material, como documentos textuales, filtros fotográficos, objetos de escritorio, etc. Entre los documentos que han llegado al Archivo se conservan hasta trece libretas que recogen, de puño y letra del fotógrafo (aunque con variaciones en el tipo de información, según la época), las anotaciones técnicas de sus capturas fotográficas y que dejan constancia de la minuciosidad, propia de un ingeniero, con la que trabajaba: número de negativo, fecha, hora, tipo de lente, luz ambiental existente, apertura, tiempo de exposición, lugar y título de la fotografía. Información impagable para historiadores e investigadores de la fotografía, y para identificar y contextualizar adecuadamente las imágenes.

En segundo lugar, destacan los diarios de viaje donde dejaba constancia de sus numerosos desplazamientos de trabajo por toda España para evaluar y asesorar en distintos proyectos empresariales, realizar seguimientos de encargos o de los trabajos en sus propias explotaciones, pero también para documentarse sobre nuevos proyectos o técnicas que le interesaban. Numerosas copias de sus informes técnicos sobre minas y ferrocarril, además de notas y croquis sobre astronomía y un libro de partituras con arreglos de música culta y popular para guitarra, completan el fondo del incansable y polifacético Gillman.

En definitiva, un impagable legado fotográfico a nivel nacional e internacional.

Pareja de campesinos cerca de Pulpí, Almería (1899-1900)

Pareja de campesinos cerca de Pulpí, Almería (1899-1900)

Puestos de mercado al pie del acueducto de Segovia (c. 1899)

Puestos de mercado al pie del acueducto de Segovia (c. 1899)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para saber más:

  • Juan A. Grima Cervantes y Juan Roberto Gillman Mellado (Eds.): Almería insólita: el legado fotográfico de Gustavo Gillman, 1889-1922, Mojácar: Arraez editores, 2010.
  • José Fernando Vázquez Casillas y Javier Castillo Fernández: Gustavo Gillman, ingeniero en imágenes: Fotografías de la Región de Murcia (1889-1912). Murcia: Tres Fronteras, 2019 (2ª edición corregida). Disponible (pinchando aquí)

 

*Imagen de portada: Plaza de Santo Domingo, Baza, Granada (1905)


Artículo facilitado por: Archivo General de la Región de Murcia

Los Registros de entrada y de salida de enfermos del hospital de San Juan de Dios de Murcia, 1574-1991(Archivo General de la Región de Murcia)

No resulta fácil seleccionar un solo documento del Archivo General de la Región de Murcia. Es tanto y tan significativo lo conservado que la dificultad de elegir no estriba en la escasez sino en la abundancia (1). Quizá por eso se recurre a los documentos más antiguos para destacar lo más relevante. Con los documentos históricos de un archivo se ofrece una respuesta erudita a quienes preguntan por el documento más importante, o sea, por la joya. Un privilegio rodado, por ejemplo, reúne las características de una reliquia: importante desde el punto de vista histórico y atractivo desde el punto de vista estético. Además, consigue la admiración de los visitantes, que quedan fascinados (2).

Pero el Archivo General de Murcia conserva otros documentos de gran interés histórico. Los dos testamentos del imaginero murciano Francisco Salzillo (3); los daguerrotipos de sus colecciones de fotografía (4), o los expedientes académicos de bachillerato del premio Nobel de Literatura José Echegaray y del inventor del autogiro Juan de la Cierva Codorniú (5), son piezas con alto valor de representación que podrían ser expuestas, junto a otras muchas, en una hipotética muestra en la que se exhibieran las joyas del Archivo. Sin embargo, en este artículo vamos a eludir el documento único, la pieza señera, para reivindicar como joya histórica una serie documental cuya información ha recuperado vigencia y actualidad por la pandemia de coronavirus que padecemos: los Registros de entrada y de salida de enfermos del hospital de San Juan de Dios de Murcia (1574-1991).

Este hospital de pobres acogía enfermos de toda la región por su carácter abierto y general. Fue propiedad de los cabildos secular y catedral hasta que en el siglo XIX la Diputación se hizo cargo de la beneficencia. Su nombre era hospital de Nuestra Señora de Gracia y Buen Suceso, pero fue conocido como hospital de San Juan de Dios, por ser esta Orden hospitalaria quien lo administró durante más de 300 años (6). La información registrada en los 229 libros de esta serie documental refleja los efectos que sobre los enfermos tuvieron las crisis epidémicas entendidas como en la época anterior al siglo XX, es decir, como enfermedad generalizada. Así se señala en un informe de la Real Academia de Medicina de Madrid de 1804, que define la “enfermedad epidémica o popular: haber muchos enfermos a un mismo tiempo” (7). En este sentido, aunque a veces los contagiosos eran desviados a lazaretos y otros recintos habilitados para ellos, los datos que aportan los registros prueban la incidencia que sobre esta población vulnerable tuvieron no solo las epidemias más virulentas —peste, fiebre amarilla, cólera— sino también otros brotes de tipo endémico en esta zona, como el tifus y el paludismo o fiebres tercianas.

Pese a sus lagunas, los libros permiten analizar la repercusión de los principales episodios infecciosos en el interior del hospital. En las fechas en las que se conservan registros tuvieron especial virulencia las epidemias de peste de 1648-1649 —en esta se calcula que falleció el 30% de la población del Reino de Murcia—, las de 1676-1678 y 1720; así como las de fiebre amarilla de 1804 y la que produjo gran mortalidad en 1810-1811; las sucesivas de cólera de 1834, 1865 y la de 1884-1885, que fue mortífera; y también la mal llamada “gripe española” de 1918. Por su parte, el tifus y el paludismo posiblemente fueron menos letales pero más frecuentes, y por su gravedad destaca la de paludismo de 1813-1814 (8).

Registro de entrada de hombres y mujeres,1648-1652 (DIP,6074/3)

Registro de entrada de hombres y mujeres,1648-1652 (DIP,6074/3)

Los registros, distintos para hombres y para mujeres, conforman el núcleo esencial, pero no único, de esta serie documental. El hospital de San Juan de Dios también tuvo que atender a los militares enfermos desde 1706 (Guerra de Sucesión), porque la ciudad de Murcia no disponía de un establecimiento semejante al antiguo hospital Militar de Marina de Cartagena. Asimismo cuidó durante casi 40 años de los enfermos mentales, hasta que se levantó en 1892 el antiguo Manicomio Provincial. Incluso constan como extraordinarios los ingresos de guardias civiles y carabineros en la segunda mitad del siglo XIX. Los libros recogen los registros de unos y otros de forma conjunta o separada según la época.

La cantidad y calidad de la información varía, lógicamente, a lo largo de 400 años, pero podemos sintetizar los datos básicos que constituyen el cuerpo central de los registros en todo el período: nombre del enfermo y de sus padres, edad, naturaleza, estado civil, nombre del cónyuge —si lo tiene—, fecha de entrada, número de la cama asignada y fecha de fallecimiento, si se produce. Las filiaciones se enriquecen dependiendo del celo del fraile que anotaba los asientos, o el esmero de las monjas y empleados del hospital desde mitad del siglo XIX. En los primeros años se anota la ropa, calzado y dinero con el que los enfermos entran al hospital, apuntes que desaparecen pronto. El diagnóstico se indica desde los primeros años, al principio con intermitencias y de modo genérico —calenturas, dolor de costado—, pero conforme avanza el tiempo la enfermedad se expresa de manera más continua y precisa —tabardillo, tercianas—, y los enfermos son clasificados según necesitaran tratamiento de medicina o cirugía e instalados en la sala destinada a una u otra.

En cuanto a la contabilidad de ingresos y fallecimientos resultan de gran ayuda las inspecciones periódicas de los libros efectuadas por los vicarios o por los padres provinciales y generales de la Orden. En cada una de ellas se practicaba el recuento desde la visita anterior y se anotaba el total de entradas y de fallecidos. Es una suerte de resumen estadístico que facilita el estudio de las cifras de ingresos y la extracción de porcentajes de mortalidad. Estas inspecciones no tuvieron periodicidad fija y se llevaron a cabo cada dos o tres años mientras la Orden de San Juan de Dios estuvo al frente de la administración del hospital entre 1617 y 1835.

Portada del Registro de entrada de hombres, 1797-1803 (DIP,6082/1)

Portada del Registro de entrada de hombres, 1797-1803 (DIP,6082/1)

Las profesiones que figuran en los registros —jornaleros, albañiles, barberos, transeúntes, mendigos— revelan oficios humildes en consonancia con un hospital de pobres y beneficencia. Los militares aparecen con sus datos castrenses —compañía, regimiento, batallón—, pero no se señala su edad. La fecha de alta o salida del hospital no se anota hasta bien entrado el siglo XVIII. Primero en los asientos de militares, quizás debido al preceptivo control que debían llevar los oficiales sobre sus soldados. Y a finales de siglo la fecha de alta se introduce progresivamente en los registros del resto de enfermos curados. Los registros se completan mediado el siglo XIX con la indicación del tiempo de permanencia en el hospital de cada enfermo, medido en “estancias” (días). Con las fechas de ingreso y alta, o el número de estancias, podemos conocer el tiempo que precisaban las enfermedades para su curación.

En la última década del siglo XIX ya se detallan enfermedades como pulmonía, amigdalitis, catarro gástrico, bronquitis, úlcera, tuberculosis, cataratas, etc., y se citan por vez primera los médicos —Hernández Ros, Albaladejo, Closa— asociados a sus pacientes, lo que se hará habitual poco a poco en el nuevo siglo. En los años 30 se añade un campo al formulario diseñado para la toma de datos: el “Resultado obtenido”, que se utiliza para aclarar la situación de los enfermos tras su tratamiento, y que generalmente se concreta en los estados de curado, mejorado, alta voluntaria, e incluso fugado o expulsado por mal comportamiento.

Algunos libros contienen un índice alfabético ordenado por el nombre de pila del enfermo —posteriormente por la primera letra del primer apellido— que remite al folio en el que se encuentra el asiento. La mayor parte de los libros han sido digitalizados y son consultables en la web del Archivo (9). Fuera de la reproducción han quedado los últimos 50 años de la serie por la especial reserva que requieren los documentos clínicos. Su conservación general es buena, después de que algunos de los más deteriorados hayan sido sometidos a tratamientos de restauración, y sólo unos pocos presentan manchas de humedad y desperfectos en los márgenes de las hojas que no suelen afectar a la lectura del texto. La encuadernación es la usual en estos libros dedicados a tareas administrativas. El pergamino se mantiene hasta mitad del siglo XIX para dar paso después a cubiertas en holandesa. Más tarde prevalece la piel y a partir de 1917 vuelve la encuadernación holandesa.

Visita del padre General. Registro de entradas de mujeres 1788-1794, (DIP,6080/1)

Visita del padre General. Registro de entradas de mujeres 1788-1794, (DIP,6080/1)

En definitiva, se trata de una fuente esencial para la historia de la medicina, que puede ser complementada con los libros registro de defunciones desde 1820. Pero su importancia trasciende el hecho sanitario para instalarse en el humanitario cuando este hospital de beneficencia acogía a mujeres solteras, pobres o necesitadas para dar a luz hijos que recién nacidos eran entregados en adopción a otras familias. Años después, los registros conservados han permitido a muchos de aquellos niños conocer a su madre biológica (10). Argumentos como este justifican que contribuir a desvelar nuestro pasado sea uno de los cometidos más gratificantes de la función archivística.

 

Notas:

1. El Archivo conserva casi 500 fondos y colecciones documentales, y tiene ya ocupados unos 25.000 metros lineales que alojan unas 175.000 cajas de conservación con documentos de los siglos XIII al XXI.

2. En las visitas guiadas el Archivo muestra el privilegio rodado de Sancho IV (1284) en el que el monarca confirma la autorización de Alfonso X a las monjas clarisas para fundar convento en Murcia.

3. Los protocolos notariales de la provincia de Murcia compilan escrituras desde 1450 hasta 1919 recogidas en 14.806 libros. Los testamentos de Salzillo se hallan en los protocolos de Alejandro López Mesas, el de 1765 (NOT,3344,fol.563r-570v), y de Juan Mateo Atienza, el de 1783 (NOT,2353,fol.126r-131v).

4. Por ejemplo, “Retrato de una mujer, en plano medio”, c. 1840-1850 (FOT_POS,190/002).

5. Los casi cien mil expedientes académicos de alumnos del Instituto Alfonso X el Sabio (1848-1979), son básicos para la historia de la educación y ocupan 1520 cajas. La signatura de Juan de la Cierva es IAX,1628/17, y la de José Echegaray IAX,1266/1.

6. La institución hospitalaria persiste, ahora es de titularidad autonómica y recibe el nombre de Reina Sofía.

7. García Hourcade J. J. Beneficencias y Sanidad en el S. XVIII. El Hospital de San Juan de Dios de Murcia. Universidad de Murcia, 1996, pág. 170.

8. VVAA. De historia médica murciana II. Las epidemias. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1981, págs. 209-243.

9. https://archivogeneral.carm.es/archivoGeneral/arg.inicio

10. Este aspecto se puede completar con los Registros de nacimientos del hospital (1912-1986), los Partes de nacimientos (1938-1985) y los Registros de entrada y salida de mujeres por maternidad (1950-1969).

 

FICHA DEL DOCUMENTO

Título de la serie: Registros de entrada y de salida de enfermos del hospital de San Juan de Dios de Murcia (1574-1991)
Signatura de la serie: AGRM,133.3.1.01
Año de creación: 1574-1991
Enlace a su ficha de catálogo: https://archivogeneral.carm.es/archivoGeneral/arg.pDetalleDocumento.crearFicha?idDetalle=2025098

*Imagen de portada: Cubierta del Registro de entrada de hombres y mujeres, 1667-1677 (DIP,6074/4)

 


Artículo facilitado por: Archivo General de la Región de Murcia