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«El centro del proceso nunca debería ser la tecnología»: Entrevista a Xoán Porto, editor de Revista Naval y documentalista

Hoy entrevistamos a Xoán Porto, coeditor de Revista Naval y experto documentalista, curtido en el diseño y gestión de sistemas de vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva. En los últimos tiempos se dedica también al desarrollo de proyectos de digitalización de imágenes fotográficas. Su testimonio profesional nos ofrece una perspectiva privilegiada sobre la adecuada imbricación del soporte tecnológico al servicio de nuestras necesidades de información.

(Archivoz) ¿Cómo llegaste al mundo de la documentación?

(XP) Mi puerta de entrada fue la informática. La popularización de los microordenadores domésticos nos abrió a muchos chavales de los años 80 y 90 un mundo fascinante, numérico, lógico y abstracto. A mediados de los 90 tenía claro que me interesaba trabajar con la información, y el ámbito de la documentación, con ese enfoque hacia la automatización que proporciona la informática, me sedujo inmediatamente, así comencé los estudios de Biblioteconomía y Documentación, por aquel entonces de muy reciente implantación en Galicia. En 1998 obtuve una beca de investigación de 18 meses para trabajar en el servicio de documentación de un centro tecnológico. Es aquí donde me forjé como documentalista, ya como contratado, en una experiencia ininterrumpida de más de diez años en los que participé en el desarrollo de proyectos IDI, entre ellos el diseño e implantación de servicios de información empresarial pioneros en el ámbito de la innovación tecnológica, que se fueron consolidando en lo que hoy se denomina vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva.

(Archivoz) Hoy eres un profesional de internet con más de veinte años de experiencia en el ámbito de la gestión documental. En todo este tiempo, ¿Cómo describirías el cambio que se ha producido en este campo?

(XP) Me gusta hablar poniendo el foco en los usuarios, desde esta perspectiva y hablando en términos generales creo que la transformación más evidente se ha producido en dos aspectos en cierto modo antitéticos: el control de los procesos de información, y el control de la información misma en la red.

Por un lado hemos asistido al empoderamiento de los usuarios, que acceden directamente a las fuentes y a las informaciones que son relevantes para sus actividades sin necesidad de intermediación. Esto se debe en gran medida a la adquisición de competencias informacionales, ligadas a la universalización del acceso a los servicios de información que proporciona la red.

Es una buena noticia que muchas tareas, hasta hace no mucho reservadas al documentalista en las organizaciones, sean hoy asumidas de forma natural por los usuarios. En mi opinión hay que abandonar definitivamente esa visión del usuario-cautivo o dependiente. El profesional de la información tiene que desplazarse necesariamente hacia posiciones intelectualmente más exigentes y avanzadas como la planificación de procesos o estructuras de información y el diseño de servicios documentales enfocados a facilitar la gestión autónoma a sus usuarios y a la ciudadanía a medida que avanzan en sus competencias digitales, a las que sin duda hemos contribuido como colectivo a través del desarrollo de acciones de formación y el diseño de servicios cada vez más accesibles. La intermediación del profesional de la información seguirá existiendo, pero circunscrita a ámbitos especializados o de alto nivel.

Ahora bien, en el lado opuesto a este empoderamiento de los usuarios sobre sus procesos informativos, en la última década hemos asistido también a la transferencia del control sobre la información que creamos y almacenamos en red. La denominada “nube” es un término coloquial y asequible que esconde un brutal proceso de concentración de poder, basado en la explotación masiva de nuestras informaciones, metadatos y relaciones, en beneficio generalmente de empresas o grandes corporaciones con las que mantenemos una relación desigual. En la práctica hemos pasado de ser propietarios a usufructurarios de nuestra información, en la medida en que solo podemos disponer de ella en tanto no nos es vedado el acceso por parte de los propietarios de la infraestructura.

Pongo algunos ejemplos: el cierre de Megaupload por las autoridades estadounidenses en 2012 dejó a cientos de miles de usuarios legales -particulares, profesionales y empresas- sin acceso a su información personal o de trabajo. Solo en el ámbito de la gestión de imágenes, la desaparición repentina de servicios como Fotolog o Picasa, o los bandazos en las estrategias de proveedores como Imageshack o Flickr con sus cambiantes condiciones de uso, mantuvieron en vilo a no pocas instituciones que habían confiado la difusión de sus repositorios digitales a estas empresas. Con relativa frecuencia asistimos también –y reconozco que me sigue causando perplejidad- a los problemas que tienen numerosas instituciones incluso de carácter oficial, para recuperar el acceso a sus cuentas cuando son bloqueadas, o para restaurar contenidos censurados en medios sociales y servicios como Twitter, Facebook o Gmail, lo que a mi modo de ver, evidencia el nulo poder de negociación que tenemos los usuarios y la fragilidad del vínculo que nos une a nuestra propia información en la red.

El profesional de la información tiene que desplazarse necesariamente hacia posiciones intelectualmente más exigentes y avanzadas como la planificación de procesos o estructuras de información y el diseño de servicios. Clic para tuitear

 

(Archivoz) ¿Cuál es el avance que más valoras?

(XP) La movilidad. Al afrontar la gestión documental ligada a la red, la movilidad nos permite disponer de acceso prácticamente ubicuo en todo tipo de dispositivos y sin necesidad de conexiones físicas.

Quiero reivindicar a los profesionales de la información que desarrollan su trabajo en las vastas áreas geográficas rurales, donde la desigualdad se traduce en la dificultad para acceder a servicios básicos como la educación, la sanidad. En este contexto, la movilidad tiene que venir acompañada de ancho de banda y cobertura geográfica para garantizar el acceso de la ciudadanía a los servicios de la sociedad de la información en igualdad de condiciones, independientemente de donde vivan.

(Archivoz) Has participado en distintos proyectos de digitalización, ¿cuál es para ti el aspecto clave para llevar a buen término la digitalización de un archivo corporativo?

(XP) Los criterios de digitalización suelen estar pautados en los requisitos del proyecto, y cuando esto no es así podemos recurrir a alguna de las numerosas guías para distintos tipos de materiales que existen. Esto no suele ser problemático, sin embargo, donde nos podemos encontrar problemas es al subvertir el orden de las prioridades establecidas en la definición del proyecto. Hay que resistir la tentación de subordinar los objetivos o utilidades que se esperan obtener en el proyecto a las características de una determinada herramienta o software. El centro del proceso nunca debería ser la tecnología empleada. Idealmente, la tecnología tiene que ser una capa coyuntural, transparente, sustituible y, llegado el momento, incluso prescindible.

(Archivoz) ¿Qué importancia reviste la descripción para la gestión y explotación del archivo digital?

(XP) Por razones prácticas, las tareas de descripción suelen quedar relegadas para mejor ocasión en los proyectos de digitalización, y es una lástima porque a la hora de explotar un fondo o colección el retorno de las búsquedas es directamente proporcional al nivel de descripción alcanzado en los contenidos. La descripción es una tarea más intelectual que mecánica, por lo que a igual dedicación en tiempo y recursos produce menos resultados. Esto, a ojos de los responsables de la parte económica, no suele resultar vendible, casi siempre preferirán llenar una nota de prensa anunciando que se han digitalizado varios miles de páginas como resultado del proyecto antes que decir que se han descrito varios miles de documentos menos.

(Archivoz) ¿Cuáles son hoy las mayores barreras para la difusión del patrimonio digital?

(XP) En ocasiones el acceso a las colecciones digitalizadas se ve dificultado por temas relacionados con la gestión de derechos, véase la reciente polémica surgida por la apertura de la National Emergency Library, dentro del proyecto Open Library; O por la adopción por parte de las instituciones de políticas de difusión restrictivas sobre sus colecciones, que por diversos motivos vedan el acceso franco a las copias maestras de las digitalizaciones, u ofrecen de forma más o menos sutil objetos digitales de baja calidad y resolución; o con marcas de agua que llegan a ofuscar la información contenida en los documentos.

Por otra parte creo que hay un amplio margen de mejora en el diseño de las interfaces de presentación de resultados de imágenes gráficas. En ocasiones la estrategia de recuperación más ágil se basa en el hojeado secuencial de las páginas de un documento para detectar visualmente patrones de información observando la mancha gráfica que ocupan sobre la página. Salvando las distancias, habría que recuperar los aspectos positivos de la experiencia de usuario que ofrecían medios analógicos como los lectores de microfilme a la hora de revisar grandes cantidades de información gráfica de forma rápida y ágil, y que hemos perdido con su traslación al computador conectado a la red. En la actualidad estoy trabajando en el desarrollo de esta funcionalidad para presentar vistas unificadas de documentos gráficos, adaptando tecnologías deep zoom y de pirámide de imágenes como las empleadas para mostrar mapas, ortofotos e imágenes gigapixel.

Xoán Porto editando una gigafoto

Xoán Porto editando una gigafoto

(Archivoz) El archivo digital crece y evoluciona. En las organizaciones, pero también en nuestra vida personal, vamos acumulando no solo registros, documentos y datos, sino también todo un historial de soportes desfasados. ¿No crees que deberíamos planificar mucho mejor nuestro trabajo a la hora de almacenar, organizar y servir nuestra información?

(XP) ¡Me encanta la pregunta! En estos días de confinamiento por el COVID-19, en vez de hacer pan casero como todo el mundo, inicié la siempre postergada tarea de organizar el archivo familiar.

En general creo que es mejor adoptar un enfoque abierto. La visión de archivo no debería limitar la elección de tecnologías. Si los soportes o formatos en los que se almacena la información pueden suponer un problema a medio plazo, lo cual se dará prácticamente en todo aquello que no sea papel, lo que debemos hacer es anticiparnos a la obsolescencia para asegurar la reproductibilidad de la información en un horizonte temporal más o menos amplio.

Los reproductores tienden a estropearse, incluso por la falta de uso, por lo que lo adecuado es tenerlos al menos por duplicado y mantenerlos operativos. En ocasiones si el volumen de información con la que contamos es reducido, resulta más rentable recurrir puntualmente a una empresa especializada para obtener copias digitales de buena calidad.

Hay que desterrar la creencia que una buena digitalización hace innecesarios los soportes originales y que podemos deshacernos de ellos para ahorrar espacio. Una digitalización realizada, pongamos por ejemplo hace diez o quince años, con criterios técnicos aceptables para la época con toda seguridad nos parecería ahora insuficiente bajo los estándares actuales. Las tecnologías de digitalización avanzan y no solo en las capacidades de captación del hardware, cada vez más capaz de extraer de los originales nueva información y con mayor fidelidad; sino también en el campo que se abre a nivel de software, aplicando transformaciones que mejorarán la calidad gráfica en las imágenes, la resolución, el color o el sonido con información que no existe en los soportes originales mediante la aplicación de técnicas computacionales.

De lo que estoy persuadido es que es más probable que los soportes originales, independientemente de que puedan ser reproducidos en el futuro, sobrevivirán a las copias digitales de las sucesivas digitalizaciones y redigitalizaciones que sufrirán a lo largo de sus vidas.

(Archivoz) ¿Será necesario reforzar el rol de los profesionales de la información y la documentación digital en las organizaciones? ¿O por el contrario es una causa perdida frente al auge de la Inteligencia Artificial?

(XP) Lo que conviene reforzar es la definición del perfil documentalista, y reafirmarnos en ello. Creo que de forma subconsciente tendemos a asociar documentación con papel. Esto puede explicar el por qué muchos profesionales, quizás por una tecnofilia mal entendida propia del cambio de época, tendieron a renegar del término documentalista en su currículum. Aún recuerdo con horror la época en que todo el mundo a mi alrededor era infonomista… ni el propio Alfons Cornella se acordará ya del término, si se me permite la broma.

En cuanto al papel de las personas ante la evolución tecnológica y en concreto ante la inteligencia artificial, me quedo con las palabras de Jaron Lanier: “los bits no significan nada sin una persona culta que los interprete”. Al comienzo de la entrevista comentaba mis inicios en la informática allá por los años ochenta, por aquel entonces, en la inocencia de mi mente infantil e influenciado por las series televisivas y el cine de la época, recuerdo mi primera interacción ante un Spectrum, aporreando el teclado para presentarme educadamente y preguntando su nombre al computador… en lenguaje natural ¡pero en inglés, eso sí! Evidente no obtuve respuesta pero aprendí algo sobre expectativas y realidad. Treinta y cinco años después muchos hogares disponen de asistentes de voz personales que ofrecen una experiencia de automatización con cierta apariencia de inteligencia artificial. No creo que la evolución de la tecnología cambie la esencia de la profesión, pero sí que nos desplazará hacia posiciones intelectualmente más exigentes como comentaba anteriormente, asumiendo los roles de organizadores procesos de información o pensadores de estructuras que han de ser codificadas, por ejemplo, por informáticos.

Conviene reforzar la definición del perfil documentalista, y reafirmarnos en ello: no creo que la evolución de la tecnología cambie la esencia de la profesión. Clic para tuitear

 

(Archivoz) Como experto que eres en fotografía e imagen digital, ¿qué medidas podrían ser las más urgentes para garantizar la preservación de nuestro patrimonio digital?

(XP) Me parece muy pertinente la distinción entre el patrimonio en soporte tradicional y el patrimonio digital. Cuando hablamos de fotografía tradicional, el estudio de sus características físico-químicas, durabilidad de los materiales, criterios de conservación, etc. están establecidos, al menos en sus fundamentos. Si nos referimos a las imágenes digitales, carentes como tales de corporeidad e incluso de la noción de originalidad, el estudio de sus características con fines de preservación se ciñe al estudio de los soportes de almacenamiento y a los códecs de los formatos en los que están codificadas.

Digitalizando fotografíasMás allá de los aspectos materiales y lógicos, uno de los grandes problemas a que nos enfrentamos, sobre todo en el ámbito de la fotografía vernácula y los archivos familiares, es la necesidad de definir los imprecisos límites de lo que debe ser preservado en lo digital, ante la ingente cantidad de imágenes que se crean a diario, la mayor parte de ellas para satisfacer necesidades efímeras, pero no por ello descartables para su conservación. En este contexto, en el que se producen –y también se destruyen– imágenes fijas y en movimiento como nunca antes en la historia, mi visión pasa por el fomento de la autogestión consciente de las colecciones, para preparar ya desde hoy nuestro futuro pasado digital; En este sentido estoy desarrollando un proyecto colaborativo, el Arquivo Imaxe, para crear un repositorio con las mejores prácticas en este ámbito, para que sirvan como herramientas modelo o guías para personas individuales o colectivos interesados en estos procesos.

(Archivoz) A la hora de ilustrar contenidos en internet, tendemos a echar mano de los bancos de imágenes en línea y ya casi no recurrimos a profesionales y artistas (diseñadoras, fotógrafos…) de nuestro entorno. ¿Qué efectos puede tener esta tendencia? Y en general, ¿qué importancia concedes en tu trabajo a las tendencias que nos marca el mercado TIC?

(XP) Precisamente estos días asistimos a la enésima polémica en esta materia: los fotógrafos de prensa españoles se han rebelado contra la intención de la Liga de Fútbol Profesional, que pretendía -aprovechando las restricciones de movimiento provocadas por COVID-19- centralizar la oferta de imágenes de los entrenamientos ofreciéndolas a los medios de comunicación a través de su propia productora y con sus propios fotógrafos. Lógicamente este tipo de acciones, además de atentar contra la libertad información, suponen un empobrecimiento de la calidad de la información.

Lo mismo se puede decir del recurso a los bancos de imágenes gratuitos o de pago. Es un recurso inmediato a la hora de contar con imágenes que enriquecen visualmente y hacen más atractivos los contenidos, pero si todos utilizamos la misma fotografía de Wikimedia para ilustrar cualquier asunto, con toda la buena voluntad que haya tras el gesto de compartir una imagen para terceros, lo que estamos provocando es el empobrecimiento y la uniformización de la información, al reducir la amplia variedad de tipologías de los objetos, lugares, etc. a unas pocas realidades. Por ejemplo, si tomamos la foto de un hórreo para ilustrar aquel que vimos en un viaje a Asturias… ¿nos servirá la foto de cualquier horreo asturiano? ¿eliminaremos de un plumazo las variantes morfológica que hay entre ellos función de la zona o el uso? ¿nos dará igual incluso utilizar la foto de un hórreo de la costa gallega si es la única foto disponible a nuestro alcance en el banco de imágenes?

En las últimas elecciones estadounidenses, los medios promocionaron la historia del joven estudiante y fotógrafo amateur Gage Skidmore, que se tomó la molestia de asistir a los mítines de todos los candidatos políticos, tomando fotografías de ellos y subiéndolas a su cuenta de Flickr con una licencia Creative Commons. Efectivamente muchos grandes medios recurrieron a estas fotografías para ilustrar sus informaciones, pero cuando hablamos de fotografía informativa, el componente editorial es muy marcado, y la visión del fotoperiodista, que asiste al acto y extrae la información más significativa del mismo, no se debería perder mediante la utilización no justificada de imágenes de recurso o archivo.

En estos días de excepción por la pandemia, seguramente a más de una, entre las personas que leen Archivoz Magazine, le habrá chocado el uso abusivo de imágenes de archivo que sirven los informativos televisivos para ilustrar situaciones cotidianas: mientras la voz en off informa, por ejemplo, de las medidas de distancia social en los locales de hostelería todavía cerrados, se acompaña la información con imágenes en las que la gente no guarda distancia física ni toma otras precauciones higiénicas que ya hemos asumido. Nuestro cerebro tarda en comprender por qué hay esta desalineación entre el mensaje recibido, entre lo que se nos dice y lo que vemos, y todo porque los medios han perdido la buena costumbre de indicar que están utilizando imágenes de archivo.

Hoy, que contamos con todo tipo de tecnologías para la captación de imagen y sonido, podríamos poner el énfasis en crear contenidos propios y originales. En muchas ocasiones, por pura pereza, preferiremos utilizar la fotografía de un tercero que se pone a nuestra disposición antes que realizarla por nosotros mismos. En este sentido existe la tendencia, alentada en gran medida por las plataformas y medios sociales, de apropiarse del trabajo intelectual de terceros poniéndolo a disposición bajo fórmulas pseudocolaborativas, desposeyéndolo incluso de la preceptiva mención de autoría… y es que no: ni Internet ni Wikipedia son fuentes a las que mencionar en un pie de foto.

(Archivoz) El periodismo digital es otro de los vectores de tu carrera profesional, ¿qué opinión te merece el modelo actual de explotación de contenidos por parte de los medios digitales? ¿Se ha rendido internet ante el algoritmo de Google? ¿Qué calidad nos depara el áuge del posicionamiento de pago?

(XP) Sí, aunque me considero documentalista, me siento cómodo en todas las posiciones que hay en el triángulo de relaciones que se establece en torno a las ciencias de la información: la Documentación (los procesos informativos), el Periodismo (la comunicación) y la Informática (la automatización)… Funcionalmente -y huyendo de corporativismos- también podría definirme como analista, fotógrafo, periodista, informático, etc., del mismo modo en que por ejemplo un periodista se adentra en el campo de la documentación bajo la etiqueta de periodista de datos.

Sobre el modelo actual de explotación de contenidos, creo que es en gran medida el resultado de una estrategia digital de huida hacia adelante de los medios tradicionales. En un momento dado se puso de moda poner botones para compartir los contenidos hacia los medios sociales. Es como si vas a una heladería y al entrar te recomiendan irte a otro local en el que venden los mismos helados y donde te lo vas a pasar aún mejor. De esta forma los medios de comunicación se han convertido en prescriptores cualificados de los medios sociales y les han dado el control, gratis y sin contraprestación, sobre el centro de su negocio: los lectores. Hoy en día los medios sociales son grandes corporaciones que retienen al público, poseen gran parte de la tarta publicitaria que anteriormente correspondía a los medios de comunicación, y mediatizan en gran medida su tráfico.

En cuanto al posicionamiento de pago, sinceramente no sé si nos hemos rendido ante el algoritmo o no, pero me gustaría cerrar invitando a hacer esta reflexión: ¿Desde cuánto hace que desechas la primera página de resultados de Google porque solo contiene recomendaciones de pago, la entrada a la Wikipedia y spam bien posicionado? ¿Cuánto hace que Gmail no es el gestor de correo eficiente que te permitía recuperar rápidamente cualquier mensaje? ¿Cuántos minutos de videotutorial en Youtube has visto para descubrir que eso que necesitabas aprender se puede resumir en 30 segundos o en un par de líneas de texto? Tengo la percepción de que hace tiempo que estas herramientas ya no funcionan, o al menos no lo hacen en el sentido en que deberían si estuvieran centradas en el interés del usuario. En este sentido quiero creer que el futuro pasa por tener interacciones en las que las máquinas nos hablen como personas, pero en el que las personas no tengamos que comportarnos como máquinas. Creo que los profesionales de la información tenemos un apasionante papel en esta tarea.

“El interés por el cine doméstico responde a la transformación de la noción de intimidad”: Juan de Dios López López, codirector del proyecto «De imagen íntima a patrimonio audiovisual» (Parte II)

Juan de Dios López López lidera junto a dos colegas de la Universidad de Córdoba un proyecto que analiza el creciente interés por el cine doméstico y su reivindicación como parte del patrimonio cinematográfico. Retomamos la charla con él para profundizar en la inclusión de este en las filmotecas y otros archivos públicos.

 

(ARCHIVOZ) ¿Cómo ha sido la respuesta por parte de los particulares (de los dueños o sus descendientes) en cuanto a la cesión de los materiales? ¿Cuáles son las ventajas para ellos? Ceden un poco de su «intimidad» al compartir imágenes del entorno familiar pero por contra ¿qué reciben? ¿Cuáles crees que son las bazas para que instituciones como archivos o filmotecas se muestren interesadas en estas cintas?

(JDLL) Hay varios motivos que pueden llevar a donar estos materiales. En primer lugar, por supuesto, la posibilidad de obtener gratuitamente una copia digitalizada de las películas. Mucha gente ya no cuenta con el proyector y lleva mucho tiempo sin ver sus películas familiares grabadas en Super-8 (y esto está comenzando también a pasar con formatos más actuales como el VHS), por lo que tener una copia digitalizada les da la oportunidad de volver a ver sus películas grabadas hace 40 o 50 años, la oportunidad de ver imágenes en movimiento de seres queridos que ya no están, etc. En el caso del proyecto “Mi Vida” de la Filmoteca de Andalucía, la cesión del material puede ser temporal. Es decir, que una vez digitalizada la cinta, el donante puede depositar la cinta original en la filmoteca o llevársela de nuevo a casa.
Pero también hay otros motivos, y esto son hipótesis con las que estamos trabajando, como, por ejemplo, que se hayan heredado esas películas y ya no signifiquen mucho personalmente porque no se conoce quiénes son las personas que aparecen filmadas. Podría ser una bisabuela o un tío lejano de quienes apenas conoces nada, porque no te han contado las historias que hay detrás de la película. Entonces, hay poco apego al material, pero consideras que puede ser importante quizás desde un punto de vista histórico o de la investigación. O, incluso, puedes tener la esperanza de que llegue a alguien que te pueda contar esas historias olvidadas. En cualquier caso, dilucidar cuáles son esos motivos forma parte de nuestros objetivos de investigación.

(ARCHIVOZ) Quizá por cercanía cultural y territorial uno de los proyectos que más os toca es «Mi Vida» de la Filmoteca de Andalucía. ¿Podrías comentarnos en qué se basa, qué tipo de materiales reúne y cómo se organizan?

(JDLL) El proyecto de la Filmoteca de Andalucía surge en 2016 con la intención de recopilar cine doméstico producido en Andalucía en formatos que, por el paso del tiempo, corren riesgo de deterioro o pérdida, como el 16mm o el 8 mm. Pero sobre todo, el popular Super-8, que es el formato que más se ha donado. La Filmoteca ha puesto en marcha varias campañas solicitando donaciones, pero el proyecto sigue abierto de modo continuo y sigue recibiendo películas. Como bien dices, el proyecto ”Mi Vida” nos toca de cerca puesto que trabajamos justo al lado de la filmoteca andaluza. No obstante, lo interesante es que no se trata de un proyecto aislado, sino que se inscribe en un conjunto de proyectos similares, interesados en la recuperación de cine doméstico, que se están desarrollando en los últimos años tanto a nivel nacional como internacional. De hecho ya se ha constituido una red, la Red de Cine Doméstico, que une y coordina a varias de estas iniciativas surgidas en todo el territorio del estado español.

 

(ARCHIVOZ) Sois conocedores que en otras comunidades como Murcia, Galicia o Extremadura se están llevando a cabo proyectos similares. ¿A qué factores puede deberse esta sensibilidad hacia el cine doméstico como tendencia?

(JDLL) Creo que tiene ver con varios motivos. En primer lugar, hay que considerar el desarrollo de las tecnologías audiovisuales que, por un lado, han dejado obsoletos los formatos que se están recuperando, como el Super-8, pero también otros como el VHS que creo que no tardará en ser objeto también de campañas de recuperación. Pero, por otro lado, el mismo desarrollo tecnológico ha posibilitado la digitalización de ese material fílmico destinado a perderse. Esta aceleración tecnológica se inscribe también en un incremento del sentimiento de nostalgia por el pasado perdido que está íntimamente relacionado con esa “inflación patrimonial” de la que hablábamos antes. También habría que considerar, a mí juicio, las nuevas tendencias historiográficas que tratan de construir la historia con materiales que vayan más allá de los documentos oficiales y las perspectivas del poder instituido. Tampoco se puede desdeñar al considerar este interés por las películas caseras las propias texturas y cualidades del cine doméstico: su apariencia de verdad, su supuesta ingenuidad, su idealización de la familia, etc.; o, incluso, podríamos apuntar como motivo del interés contemporáneo por el cine doméstico la actual reconfiguración de los espacios público y privado o la propia transformación de la noción de intimidad. Me parece evidente, por todos estos motivos, que el cine doméstico, y las prácticas de archivo en las que está siendo incluido, nos brinda múltiples líneas de investigación fértiles y novedosas.

(ARCHIVOZ) Más allá del formato, del propio valor documental del cine doméstico, una vez que los fondos sean digitalizados ¿podrían surgir nuevos usos como material de recurso y documentación para artistas, universidades, productoras o directores del cine de reapropiación?

(JDLL) Por supuesto, de hecho los ejemplos son ya múltiples. Efrén Cuevas, profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra, ha estudiado a fondo el tema y coordinó en 2010 el libro ‘La casa abierta. El cine doméstico y sus reciclajes contemporáneos’, un trabajo de referencia en nuestro proyecto en el que se analizan varias experiencias de reutilización y reapropiación de películas caseras. Muchos cineastas contemporáneos utilizan metraje doméstico en sus producciones cinematográficas, ya sea como material exclusivo o intercalándolas en el montaje con imágenes rodadas profesionalmente. También la televisión lleva décadas utilizando imágenes domésticas en diversos tipos de programa. Recordemos, por ejemplo, ‘Videos de primera’ realizado casi exclusivamente con vídeos familiares en los que aparecían situaciones cómicas, caídas, golpes, etc. Y, por supuesto, en la actualidad se pueden encontrar múltiples imágenes domésticas o “no profesionales” en los informativos, en programas de entretenimiento, de humor, nostálgicos, etc. La actual recuperación de películas caseras en formato Super-8 y su puesta a disposición de artistas, investigadores o cineastas creo que augura un uso mucho mayor de estas imágenes en producciones y estudios de todo tipo.

 

 

Juan de Dios López López es Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Córdoba y doctor en Antropología Social por la Universidad de Granada. Obtuvo el Premio de Investigación PatrimoniUN10 a la Mejor Tesis Doctoral, concedido por el Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio de la Universidad de Jaén. Es miembro del grupo de investigación Laboratorio de Estudios Interculturales de la Universidad de Granada. Ha trabajado como investigador social tanto en universidades como en otras instituciones públicas y privadas y ha participado en proyectos de investigación nacionales e internacionales sobre patrimonio inmaterial y procesos de patrimonialización, el fenómeno turístico o la pobreza urbana, entre otras temáticas. Junto a Ignacio Alcalde Sánchez y Fernando Cañete Buenestado lleva cabo el proyecto de investigación ‘De imagen íntima a patrimonio audiovisual. La inserción del cine doméstico en el archivo público’.

 

“El interés por el cine doméstico responde a la transformación de la noción de intimidad”: Juan de Dios López López, codirector del proyecto «De imagen íntima a patrimonio audiovisual» (Parte I)

Desde hace algunos años percibimos un interés creciente por recuperar esa parte del patrimonio cinematográfico vinculado al cine doméstico. Diferentes agrupaciones en el territorio español procuran reclamar el protagonismo de cintas caseras, a menudo en formatos que van quedando obsoletos como el Super-8. Esos documentos que recogen celebraciones íntimas, reuniones familiares o encuentros sociales ayudan a reconstruir no solo nuestro pasado sino también la imagen cinematográfica del país. Juan de Dios López López lidera junto a dos colegas de la Universidad de Córdoba un proyecto que analiza esta tendencia y, sobre todo, su inserción en el catálogo de filmotecas y otros archivos públicos. Acercarnos a su investigación nos ayudará a comprender el fenómeno.

(ARCHIVOZ) Antes de nada, aunque actúes como interlocutor en nuestra entrevista, el equipo de trabajo lo completan Ignacio Alcalde Sánchez y Fernando Cañete Buenestado, compañeros de la Universidad de Córdoba. ¿Cómo os conocistéis y, sobre todo, como surgió la idea del proyecto?

(JDLL) Ignacio Alcalde y yo somos profesores de Antropología Social en la Universidad de Córdoba, y compartimos despacho, por lo que trabajamos codo a codo de forma habitual. En la UCO se oferta desde hace tres cursos un grado universitario en Cine y Cultura, donde el área de antropología social tiene cierta presencia. Queríamos dedicar una parte de la enseñanza sobre antropología audiovisual a las prácticas cotidianas de producción y consumo audiovisual y, en ese sentido, la filmación de películas caseras o la confección de álbumes de fotos familiares nos parecía central.
La Facultad de Filosofía y Letras de la UCO, donde trabajamos, está prácticamente a 100 metros de la sede de Filmoteca de Andalucía y un día visitándola encontramos un tríptico en el que se hablaba del proyecto «Mi Vida». Evidentemente, enseguida sentimos la necesidad de conocer más a fondo este proyecto y otros similares. Y comenzamos a leer todo aquello que encontramos relacionado con el cine doméstico.
Al poco tiempo se unió al proyecto Fernando Cañete, que es graduado en Gestión Cultural y tiene un máster en cinematografía, en el marco del cual realizó prácticas en la Filmoteca colaborando precisamente en las tareas de archivo y digitalización de las cintas donadas al proyecto «Mi Vida». En la actualidad, Fernando está cursando los estudios de doctorado y su tesis doctoral se enmarca en este proyecto de investigación.

 

(ARCHIVOZ) ¿Cuáles fueron los principales objetivos que establecisteis cuando poníais en marcha la propuesta? ¿Se han visto modificados o incrementados con el paso de los meses? ¿A qué se puede deber este cambio?

(JDLL) El proyecto que estamos planteando se encuentra de hecho en sus primeras fases de desarrollo. Las preguntas que nos estamos haciendo en esta primera fase tienen que ver fundamentalmente con los significados y el valor otorgado a estas películas por parte de los distintos agentes implicados en estos proyectos de recuperación de cine doméstico. Entre tales agentes podríamos señalar, evidentemente, a las personas que donan sus películas caseras, pero también el personal técnico de los archivos y las filmotecas, los gestores públicos, o los investigadores, activistas políticos o artistas interesados en reutilizar ese material fílmico en sus proyectos de investigación, de intervención política o creación estética. Nos interesa mucho el cambio que se produce tanto en las funciones como en los significados de este cine cuando son trasladadas del espacio íntimo y restringido del hogar al espacio, en principio mucho más amplio y accesible, de los archivos y filmotecas públicas. Tales significados, por supuesto, no serán unívocos y tendremos que analizar cuáles son las discrepancias que se producen entre unos y otros y en qué medida responden a los contextos de enunciación y a las intencionalidades de cada uno de los agentes.

 

(ARCHIVOZ) Tenéis muy presente en vuestro trabajo términos de Nathalie Heinich como «inflación patrimonial» o las palabras de Barbara Kirshenblatt-Gimblett sobre patrimonio cultural. ¿Podrías profundizar en estas claves? ¿Cómo enriquece el contexto patrimonial el cine doméstico?

(JDLL) Una de mis principales líneas de investigación son las políticas patrimoniales y los procesos de patrimonialización. De modo que, desde un primer momento, me pregunté si este interés de los archivos y las filmotecas por el cine doméstico podría ubicarse en ese contexto de “inflación patrimonial”, definido por Nathalie Heinich y que se refiere a la ampliación progresiva de la noción de patrimonio, que ha llegado a abarcar cada vez más objetos y expresiones culturales, y cada vez más cotidianos y alejados de las construcciones monumentales. Algo que viene sucediendo desde la aprobación en 2003 de la Convención de la UNESCO sobre Patrimonio Inmaterial, e incluso antes, desde la década de los sesenta y la introducción de la noción de ‘bienes culturales’. No voy a entrar ahora a valorar este hecho. Pero sí que me parece significativo que, si efectivamente se le estuviera dando un tratamiento patrimonial a las películas domésticas, podría decirse que se está traspasando una última frontera: la de la vida doméstica y la intimidad. O dicho de otra forma, se le estará dando un tratamiento público a películas producidas en el hogar y cuyos espectadores, a priori, iban a ser exclusivamente los miembros de la familia y personas muy allegadas.
Lo que si parece claro es que la idea de una “segunda vida” que, según Barbara Kirshenblatt-Gimblett, obtendrían todos los objetos patrimonializados, encaja perfectamente con los nuevos usos que adquieren o potencialmente pueden adquirir las películas familiares. Los significados y usos de estas películas necesariamente se van a ver transformados con su traslado a las filmotecas, lejos de sus contextos originales de producción. En cierto modo, como ha dicho Gil-Manuel Hernández, los elementos patrimonializados podrían asemejarse a los zombis: cuerpos a los que, después de haber perdido su funciones y significados primigenios, se les insufla una nueva vida que no tiene mucho que ver con la anterior.

 

(Sigue en Parte II)

«Era necesario desarrollar nuestros propios diseños, programas y procesos para adaptarnos mejor a la realidad»: Entrevista a Juan Pablo Suárez y Matías Butelman, fundadores de Bibliohack

Entrevistamos a Juan Pablo Suárez y Matías Butelman, fundadores de Bibliohack, una iniciativa que trabaja en bibliotecas, archivos y museos con tecnología adecuada al contexto latinoamericano, siguiendo los principios del acceso abierto y la tecnología libre. El proyecto, activo desde el año 2013, trata de impulsar nuevas redes profesionales e institucionales que permitan producir y liberar recursos,  sumando masa crítica para definir políticas públicas que favorezcan la preservación del patrimonio cultural, el acceso abierto al conocimiento y la reforma de la propiedad intelectual.

Hace tiempo que deseábamos ofrecer el testimonio de estos dos jóvenes profesionales argentinos sobre su singular proyecto de hardware libre para digitalización.  Quizás hoy, con la profundización de la crisis mundial en la que estamos inmersos, se hace más necesaria que nunca una reflexión global para la puesta en marcha de soluciones sostenibles, también en el campo de la documentación.

(Archivoz) ¿Cómo nació Bibliohack?

(Juan Pablo Suárez) Yo comencé a armar estativos para digitalización en 2011, siguiendo las indicaciones para el «modelo estándar» del foro diybookscanner.org, que eran muy simples de fabricar si tenías alguna práctica en carpintería. La idea surgió a partir de la inquietud de varias personas, como María Rosa Mostaccio de la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, o Patricio Lorente de Wikimedia Argentina y de la Universidad Nacional de la Plata, que necesitaban iniciar proyectos de digitalización pero no disponían de recursos para adquirir equipos comerciales.

En ese entonces yo dedicaba mucho tiempo a una iniciativa llamada «Derecho a leer» (derechoaleer.org) que buscaba dar visibilidad a problemas relacionados con el acceso al conocimiento en internet, debidos a las restricciones de la propiedad intelectual. Entonces, al contribuir a hacer accesibles y económicas las tecnologías de digitalización también se facilitaba la posibilidad de que más gente e instituciones compartieran por las redes libros y documentos. Esa era la motivación principal de dedicar tiempo a conocer y desarrollar esta clase de recursos en aquella época. En el blog quedó documentado cómo fue este primer avance.

Un año después lo conocí a Matías, que trabajaba en el Colegio Nacional Buenos Aires, dependiente de la UBA, y tenía las mismas inquietudes respecto al uso de este tipo de tecnologías como una respuesta posible a la digitalización del acervo de la biblioteca. Con algo de financiación de la Asociación Cooperadora del Colegio y otros dos proyectos que surgieron (el archivo del Centro de Estudios Históricos de la Fuerza Aérea y archivo de un tribunal de la ciudad de La Plata) pudimos dedicarnos al proyecto con mayor intensidad.

Comenzamos a pensar en cómo podían combinarse los saberes y prácticas provenientes de la cultura hacker con el funcionamiento de las instituciones culturales tradicionales, como bibliotecas, museos o archivos Clic para tuitear

En ese momento vimos que era necesario desarrollar nuestros propios diseños, programas y procesos para adaptarnos mejor a la realidad concreta con la que nos tocaba operar: el personal de las instituciones, los costos, los materiales de fabricación disponibles localmente, etc. Entonces empezamos a pensar en cómo podían combinarse todos estos saberes y prácticas que venían de la cultura hacker, el software libre y las comunidades colaborativas que emergen de las redes, con el funcionamiento de las instituciones culturales tradicionales, como bibliotecas, museos o archivos. Esto es básicamente la esencia del proyecto bibliohack.

(Matías Butelman) Mi primera experiencia con archivos y bibliotecas estuvo relacionada con el legado de mi abuelo, Enrique Butelman, fundador de la editorial Paidós. Durante muchos años de mi adolescencia revolví sus libros y papeles y me fui familiarizando con algunas intuiciones básicas mientras buscaba dar un orden a todo ese material. Pero la experiencia decisiva, creo, se dio en el Colegio Nacional de Buenos Aires, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, donde empecé trabajando con la gestión de contenidos y la publicación en línea de información de diferentes áreas.

El CNBA es una institución de casi dos siglos, ubicada en la llamada Manzana de las Luces, donde se encuentra la Iglesia de San Ignacio, la más antigua preservada de la ciudad. Este aspecto es, ciertamente, decisivo para el Colegio, que es de esas instituciones en las que todo parece ser patrimonio: el edificio, los bancos de las aulas, los detalles de los claustros, las colecciones didácticas de los gabinetes de ciencias, la historia oral de sus generaciones. Y, claro, la biblioteca. Fue allí donde, en 2013, por iniciativa de la directora de la biblioteca Adriana Carreira, se dio inicio a un proyecto piloto para construir una biblioteca digital en la que exponer las colecciones especiales que custodian.

Yo sabía de Juan Pablo por el proyecto de digitalización que había desarrollado en la Facultad de Filosofía y Letras, donde yo estudiaba, y lo contacté para construir un dispositivo acorde a las colecciones especiales de la biblioteca del CNBA. En un primer momento se trabajaría con ciertos libros antiguos, de la época de la colonia, que habían llegado a la biblioteca en la década del 1930. Por su forma y estado de conservación, estos materiales requerían una manipulación especial. El escáner que Juan Pablo había construido en FFyL no se acomodaba a este tipo de materiales por lo que él propuso construir uno que contemplara la posibilidad de incluir impresos de mayores dimensiones. Esta fue la primera innovación que demandó el proyecto en el colegio. Pero además Juan Pablo, atento

Ensamblaje del último prototipo de escáner cenital de Bibliohack

Ensamblaje de escáner cenital en la Universidad Nacional de Colombia, BibloRed, Bogotá (2019)

a las dificultades de seguir las indicaciones del proyecto original de diybookscanner.org, rediseñó toda la estructura utilizando únicamente listones de madera y un modo de ensamblaje que podía prescindir de routers CNC, cuyo uso en ese entonces aumentaba el costo de fabricación de modo considerable.

La idea de bibliohack empieza a cobrar forma a partir de la experiencia que tuvimos en el CNBA, de ir resolviendo junto al equipo de bibliotecarias diferentes desafíos técnicos e institucionales, como lograr extraer a un archivo CSV los registros atrapados en la base MicroISIS – ¡aplicación que merece un capítulo aparte!-, descifrar las normas de catalogación utilizadas por la Universidad, elegir una aplicación web apropiada para exponer los registros y objetos digitales en internet. Notamos que cada uno de esos pasos podían en su mayor parte solucionarse con recursos que ya estaban abiertos y disponibles en internet, al igual que el escáner. No sin ejercer, a veces, un esfuerzo para dominar y adaptar esas herramientas.

No hay que perder de vista que, a pesar de ser una institución prestigiosa y centenaria, es una escuela secundaria, es una escuela pública y depende de la Universidad de Buenos Aires, que es una universidad enorme y pública de una ciudad de Argentina, que es parte de Latinoamérica. Todos estos aspectos son los que fueron dando forma a una respuesta que tuvo siempre presente la necesidad de ofrecer soluciones adecuadas a ese contexto.

Esto terminó de quedar claro cuando, después de haber construído un primer prototipo en la biblioteca del CNBA, pudimos construir algunos en otras organizaciones, como mencionaba Juan Pablo más arriba. Y lo que pudimos apreciar fue que las diferentes dificultades, los mismos obstáculos -vinculados a disponibilidad de herramientas,

Ensamblaje del último prototipo de escáner cenital de Bibliohack

Ensamblaje de escáner «en v» para Archivo del Agua, Mendoza (2018)

o apoyo de la gestión de sistemas, o presencia de personal capacitado en fotografía o propiedad intelectual, o prioridad en la agenda de la organización, por solo mencionar algunos- parecían replicarse de modos casi idénticos.

Fue entonces cuando empezamos a imaginar qué pasaría si aplicáramos lo que habíamos aprendido en foros y proyectos de internet (un modo de trabajo colaborativo, basado en la construcción de bienes comunes con documentación y código abiertos) a los desafíos que la transformación digital presentaba a bibliotecas, archivos y museos. Si pudimos replicar un escáner aprovechando la experiencia de que otros habían tenido, ¿por qué no podríamos resolver así otros problemas relacionados, como la gestión de metadatos o la publicación en línea de los catálogos? Y, del mismo modo, ¿por qué no podrían otros aprovechar lo que nosotros y las instituciones con las que trabajamos habíamos podido solucionar?

(Archivoz) ¿Cuál fue vuestra principal motivación para poner en marcha un proyecto de tecnología libre para bibliotecas, archivos y museos?

(JPS) La idea de que el conocimiento es un patrimonio colectivo y que es importante garantizar su acceso universal es un paradigma que guía tanto a las instituciones de la memoria como a las comunidades que sostienen a los proyectos del conocimiento libre. Entender las nuevas formas de la colaboración usando internet sin duda ha sido un gran hallazgo de estas últimas décadas, pero las instituciones tradicionales traen un activo muy valioso y robusto con ellas que es una larga tradición de ideas, discursos y prácticas que han hecho posible la provisión de los recursos humanos y materiales necesarios para sostener esta misión de preservación y acceso a través de geografías, épocas y contextos históricos muy cambiantes. Si tenemos en cuenta que en las comunidades digitales nos estamos preguntando como hacer para no perder los enlaces publicados hace un par de años apenas, creo que aún tenemos mucho que aprender. Así que la motivación tiene mucho que ver con llevar discursos de un lado a otro, ver cómo se articulan y ayudar a generar sinergias entre ambos mundos, que en realidad son uno solo.

(Archivoz) Hace tiempo que el software libre ha demostrado su eficacia y rendimiento en la gestión de los fondos documentales de las comunidades e instituciones. No obstante, el discurso de la ‘transformación digital’ remite con frecuencia a un modelo de negocio basado en la externalización de los procesos técnicos a través de equipamientos propietarios. ¿Podemos afrontar los desafíos de la digitalización sin asumir esas arriesgadas y costosas dependencias? ¿Es posible avanzar hacia la soberanía tecnológica? ¿Qué rol debe desempeñar hoy la cooperación profesional e institucional en nuestros archivos?

(MB) No hay dudas de que hoy en día gran parte de los procesos informáticos críticos de bibliotecas, archivos y museos pueden solucionarse con software libre y de código abierto. Hay ejemplos de sobra. En bibliotecas, el uso de Koha para la gestión integral de sus procesos. En archivos Archivematica, AtoM o Collective Access, que también es la opción indicada para la gestión integral de colecciones de museos. Omeka para exponer colecciones digitales. Repositorios en Islandora o Dspace. Gran cantidad de organizaciones alrededor del mundo hoy emplean estas herramientas de modo más que satisfactorio. La apuesta de bibliohack es que también los aspectos de hardware e incluso el flujo de trabajo completo de la apertura puede llevarse a cabo del mismo modo.

Pero, claro, la puesta en uso de esta clase de herramientas no está desprovista de aprendizajes y ensayos que muchas veces terminan en frustración. Que las herramientas estén disponibles no quiere decir que su adopción y adaptación sean automáticas. Este es justamente el punto de contar con profesionales de lo digital dentro de las instituciones. Su presencia contribuye no solo a permitir grandes lanzamientos de soluciones digitales con anuncios y publicaciones, sino también a producir las sucesivas versiones, arreglos y mejoras construidas al calor de la experiencia integral de una institución patrimonial. Un equipo in-house, a diferencia de un proveedor externo, puede construir y fortalecer la infraestructura de modo tal que cada nuevo proyecto digital sea más fácil de realizar, al tiempo que permite explorar nuevos desafíos y posibilidades. Un equipo in-house también puede responder y adaptarse en medio del camino ante imprevistos supuestos equivocados. El costo de las fallas se reduce y es posible maniobrar con mayor comodidad ante los inevitables imprevistos que lo digital siempre trae aparejados.

Hemos visto abundantes ejemplos de contratación de servicios externos, generalmente costosos, que terminan muy mal, con toda clase de deficiencias, y no por ello se abandona el modelo Clic para tuitear

(JPS) Estas son precisamente la clase de cosas que los modelos de externalización de los servicios digitales no permiten, porque no es el negocio de las agencias ni están preparadas para ello. Nosotros hemos visto abundantes ejemplos de contratación de servicios externos, generalmente costosos, ya sea para digitalizar o gestionar una colección digital, que terminan muy mal, con toda clase de deficiencias, y no por ello se abandona el modelo de contratar un proveedor externo para realizar estas tareas. Hace falta un cambio en la cultura de nuestras organizaciones para incorporar estas tareas a su funcionamiento habitual: hay que estar dispuestos a aprender, y a tolerar esa frustración si elegimos la opción in-house.

(MB) Del mismo modo en que los especialistas en conservación de bienes culturales han ganado legítimos espacios en las instituciones, hay toda una serie de perfiles profesionales enfocados en informática, diseño, fotografía y propiedad intelectual que deben empezar a considerarse propios de las instituciones de custodia de patrimonio. Que las instituciones den lugar a estos saberes y prácticas las habilita también a contribuir con nuevas investigaciones y desarrollos. Invertir el rol de las instituciones de patrimonio, de consumidoras a productoras de conocimientos y soluciones, es quizás el horizonte final de su transformación digital como nos gusta entenderla: poner a bibliotecas, archivos o museos en la posición no sólo de desarrollar ellas mismas soluciones informáticas para sus procesos críticos sino también en la posición de colaborar con desarrollos impulsados por otras organizaciones de su propio sector o incluso de sectores más amplios.

Imaginar a las organizaciones GLAM como actores de peso propio en universo del open source puede parecer extravagante, pero ¿no abrevan la misma idea del código abierto y las formas de trabajo colaborativo del mundo tecnológico en la práctica colaborativa inherente a este tipo de instituciones? Si las grandes empresas pueden colaborar para bajar sus costos y asegurar su desempeño digital en un mundo cada vez más informatizado, ¿por qué no podrían hacerlo las instituciones tradicionales de la información que en contextos anteriores, previos a la invención de la computadora, ya lo habían hecho creando catálogos colectivos, censos de fondos e intercambios internacionales de piezas para colecciones etnográficas y arqueológicas?

Juan Pablo Suárez de Bibliohack presentando prototipo de escáner cenital

Juan Pablo Suárez presentando el primer prototipo de escáner cenital en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (2017)

(Archivoz) Está claro que digitalizar no es solo escanear, alojar y organizar los documentos. Para abrir verdaderamente nuestras colecciones resulta imprescindible conectar, enriquecer y difundir los registros. ¿Cuáles son las principales barreras y restricciones que podemos encontrarnos a la hora de implantar en nuestros archivos un auténtico modelo de acceso abierto?

(MB) Creo que lo primero es aceptar que abierto es un concepto difuso. A simple vista es una metáfora que parece referir a un acto de pura voluntad, como quien gira una llave o empuja una puerta. Los logos de los movimientos asociado a lo abierto abundan en estas imágenes. Pero en la mayor parte de los casos, me atrevo a afirmar, no hay ni llave, ni cerradura, ni puerta, porque cuando hablamos de abierto hablamos en general de información digital alojada en servidores, recuperable por diversos medios y reutilizable sin mayores restricciones. Y esto ya implica poder cumplir con una serie de condiciones como las que enumeramos antes y que en general no están dadas para muchos países y organizaciones.

(JPS) Además, “digitalizar” no es un mero cambio de soporte, es volver a editar una obra en un nuevo formato, con nuevos condicionamientos y nuevas posibilidades, y llevar a cabo ese proceso no es algo automático, y es el núcleo de lo que luego habilita el acceso digital. Cuando decimos “editar” nos referimos justamente a una serie de interpretaciones y juicios de valor que están más allá de los procesos técnicos.

(MB) Si lo que queremos es poder facilitar información en formato digital accesible y fiable en internet de modo sostenible en el tiempo para todo tipo de usos sociales debemos poder abordar el problema en sus diferentes dimensiones, de las más específicas a las más generales. Un nivel es el de las herramientas y las infraestructuras, del que ya hemos hablado.

Otro nivel es el de las capacidades y los recursos humanos, del que algo mencionamos también. Muchos problemas se derivan de la ausencia de competencias vinculadas gestión de metadatos y conocimiento de múltiples estándares de descripción, o fotografía e iluminación, o gestión de derechos, tanto de propiedad intelectual para bibliotecas y museos, como otros vinculados a privacidad, confidencialidad y demás en caso de archivos.

Un tercer nivel es el que podríamos llamar de las disposiciones institucionales. En países como la Argentina, de institucionalidades más bien frágiles, más allá de que existen una Ley de Acceso a la Información Pública o una Ley de Repositorios para las investigaciones científicas, la implementación de estas políticas sigue dependiendo, finalmente, de decisiones ejecutivas a nivel de cada organización.

Muchas discusiones, más aún en archivos, bibliotecas o museos de carácter puramente histórico, terminan centrándose en cuáles son las mejores formas de convencer e incentivar a directivos a compartir el material de modo irrestricto en Internet. Por fuera de cada organización también podemos preguntarnos si a nivel de las administraciones municipales, provinciales o nacionales existen políticas orientadas a asegurar el acceso, y con esto queremos decir políticas que justamente atiendan todos los niveles inferiores antes mencionados: decisiones institucionales, capacidades en planta, herramientas e infraestructura. Y la misma pregunta también creo es válida para los esfuerzos de cooperación internacional en temas de patrimonio y archivos.

En el caso de Argentina ha habido proyectos gubernamentales de forma intermitente y es por ello que hoy no existe en el país nada parecido a uno o varios portales de acceso abierto al patrimonio de museos, archivos y bibliotecas como si existen en varios países de Europa o, para no alejarnos de nuestro caso, en Chile. Por último, incluso las políticas a nivel de la administración pueden encontrarse con barreras de otro orden: las legales.

(JPS) En estos días hubo un debate en Estados Unidos a raíz de la iniciativa del Internet Archive de poner en línea un catalogo amplio de obras para apoyar al sistema educativo (National Emergency Library), que está privado de las bibliotecas físicas por el COVID19. La iniciativa provocó una airada protesta de asociación de editores y autores, que no dudaron de hablar de “piratería” a pesar que el acceso a las obras se hace cumpliendo todos los requisitos usuales en la bibliotecas actuales para el préstamo digital. Esto nos alerta de lo lejos que estamos todavía de llegar a una situación de acceso razonable.

(MB) Y eso que hablamos de Estados Unidos, donde hay excepciones dentro del Fair Use. En Argentina y otros países del continente las excepciones son un tema pendiente y urgente. La ausencia de un marco legal propicio para este tipo de trabajos y de políticas de gestión de información en el sector público desincentivan la inversión institucional en infraestructuras, procesos y capacidades vinculadas al acceso abierto.

(Archivoz) Bibliohack es un proyecto que comienza a trascender fronteras. ¿Cuál de sus logros -hasta el día de hoy- valoran más? ¿Qué otros desafíos tienen a la vista?

(MB) Haber podido establecer lazos con diferentes personas y grupos en todo Latinoamérica y más allá es quizás lo más estimulante de esta iniciativa. La sensación de poder valorar los esfuerzos realizados con visiones similares e integrarlos en perspectivas aún mayores es algo ciertamente satisfactorio. Colegas como Daniela Schütte de Memoria Chilena, Juan Pablo Angarita de la Biblioteca Digital de Bogotá, con quienes nos fuimos encontrando en medio del camino, hoy son aliados a la distancia sin quienes sería muy difícil imaginar nuestro proyecto. Hacia el futuro -quizás de modo inminente, vistas las circunstancias en que será publicada la entrevista- el desafío es sin dudarlo involucrar de modo definitivo a las organizaciones que nos apoyan, y a otras nuevas, en un proceso colaborativo como los que describimos más arriba.

(JPS) Para poner una nota de color, una cosa que valoro mucho, es que la mayoría de los lugares donde nos toca trabajar son edificios muy emblemáticos, o con historias particulares, por ejemplo la Academia Nacional de la Historia funciona en el antiguo Congreso de la Nación que ahora está preservado ¡adentro de otro edificio!, el propio Colegio Nacional Buenos Aires del que habló Matías es otro ejemplo, o el exótico Palacio de Aguas Corrientes, el edificio Alas de la Fuerza Aérea, o las ex-fabricas tabacaleras convertidas en instituciones culturales o educativas (como la sede de Filosofía y Letras de la UBA, o el Museo de Arte Moderno), en fin, es un extraño incentivo conocer por dentro muchos de esos lugares, así que si su biblioteca, museo o archivo esta en un edificio llamativo o exótico ¡no dude en llamarnos!

«En los periódicos de nuestra Hemeroteca surgen historias que llevan decenas de años esperando a que alguien conecte la información que contienen para transformarlas en algo útil y bello»: Entrevista a Fernando Rivera, Biblioteca-Hemeroteca del Ateneo Ferrolán

En Archivoz nos interesa mostrar la gran riqueza y diversidad existente en los fondos de documentación histórica. Hoy hemos querido acercarnos a la complejidad específica de la gestión de fondos y servicios documentales de las instituciones culturales locales. Queremos saber qué afectos mueven a sus profesionales, cuáles son sus problemas y cómo afrontan los retos del presente: los cambios en la sociedad, la digitalización y la gestión documental automatizada.

Fernando Rivera es el responsable de la Biblioteca – Hemeroteca «Ángeles Alvariño» del Ateneo Ferrolán, una entidad cultural fundada en 1879 y que desde entonces mantiene vigente su compromiso con la cultura en la ciudad de Ferrol (A Coruña). Su testimonio nos introduce de manera ejemplar en la realidad actual de este tipo de entidades.

(Archivoz) ¿Cómo llegaste a esta profesión? ¿Qué te motiva en el día a día?

(Fernando Rivera) Creo que, como la inmensa mayoría de las personas que nos dedicamos al mundo de las bibliotecas, archivos, museos o centros de documentación, llegué a esto por vocación.

Soy titulado de la segunda promoción de Biblioteconomía y Documentación de la Universidade da Coruña. Desde 1999 he trabajado en bibliotecas universitarias, empresas de documentación o centros tecnológicos desempeñando todo tipo de funciones, desde catalogar publicaciones a impartir teleformación sobre gestores documentales o desarrollar proyectos de innovación; creo que esto dice mucho acerca del carácter de nuestra profesión. Desde 2009 soy el bibliotecario del Ateneo Ferrolán, una institución de tradición centenaria en la ciudad de Ferrol, abierta a todo tipo de colectivos y manifestaciones artísticas, culturales y sociales.

En el día a día resulta gratificante –en lo profesional y en lo personal– comprobar cómo es posible despertar en personas de todas las edades el interés y la ilusión por el descubrimiento que nace del estudio de objetos aparentemente inanimados como son los libros; o cómo, desde los ejemplares periódicos de nuestra Hemeroteca, surgen historias que llevan decenas de años aguardando a que alguien conecte la información que contienen para transformarlas en algo útil y bello para la vida diaria de las personas, aquí y ahora en pleno siglo XXI.

(Archivoz) El centro que diriges se define como Biblioteca-hemeroteca y ofrece algunas características singulares ¿Qué distingue vuestras colecciones?

(FR) Nuestras colecciones son el reflejo del devenir histórico del Ateneo Ferrolán como entidad, y de la ciudad en general. Gonzalo Torrente Ballester decía sobre su ciudad natal que es “una ciudad lógica enclavada en una tierra mágica”. Ferrol fue creada a mediados del siglo XVIII prácticamente desde la nada para erigir los Reales Arsenales de la Armada siguiendo los ideales de racionalidad de la Ilustración. Esta ingente realización atrajo a miles de personas, llegando a ser la primera ciudad de Galicia en número de habitantes en el último tercio del XVIII.

Desde entonces hasta hoy la ciudad está sujeta y acusa especialmente las vicisitudes históricas de Galicia y España, por su fuerte dependencia de las políticas estatales con sus núcleos de decisión a cientos de kilómetros, acentuando los efectos de las cíclicas crisis sociales y económicas. En el seno de la sociedad local, altamente estamental, crecieron los ideales conservadores y liberales; y también el movimiento obrero, ya que Ferrol era una isla industrial en una Galicia que fue prácticamente ajena a la revolución de las máquinas.

Biblioteca - Hemeroteca (X. Porto)

Biblioteca – Hemeroteca (X. Porto)

En este contexto, y a partir de la segunda mitad del siglo XIX se desarrollaron de forma febril las primeras manifestaciones del periodismo impreso. La ciudad fue cuna de numerosas cabeceras, muchas de ellas de carácter efímero apenas superaron el primer número, otras aún perviven, aunque le fueran amputadas a la ciudad, como el diario El Correo Gallego. Esta cabecera, nacida en Ferrol fue trasladada a Santiago de Compostela en plena guerra civil. Todas estas cabeceras son como instantáneas mecanoscritas de la historia, fiel reflejo de un momento de la ciudad. En la Hemeroteca del Ateneo conservamos ejemplares de gran interés –muchos de ellos únicos– de la prensa local de los siglos XIX y XX.

Por otra parte, la colección de la biblioteca está orientada hacia los estudios de carácter local. Queremos ser muy selectivos con esta colección sobre, temas ferrolanos y gallegos, que en la actualidad crece gracias a donaciones públicas y privadas que son siempre muy bienvenidas. Como muestra de la importancia de este tipo de colecciones, este año por ejemplo tenemos dos celebraciones protagonizadas por personajes históricos ferrolanos que trascienden el interés local, como son la conmemoración del 200 aniversario del nacimiento de Concepción Arenal, o la celebración del Día das Letras Galegas en homenaje a la figura de Ricardo Carvalho Calero.

(Archivoz) ¿Crees que la ciudadanía conoce y valora esos fondos de manera suficiente?

Creo que los usuarios que están más familiarizados con la utilización de recursos documentales, como investigadores y profesores, historiadores o estudiantes; conocen y aprecian la importancia de nuestro fondo documental, y valoran enormemente el trabajo que hacemos por preservarlo y ponerlo a su disposición.

Pero reconozco que existe –más que desconocimiento– lo que yo denomino un cierto conocimiento difuso por parte de la ciudadanía en general en torno a los servicios que ofrecemos. Creo que esto es algo común en menor o mayor medida a todas las instituciones de nuestro entorno profesional. Por eso pienso firmemente que buena parte de nuestra tarea consiste precisamente en actuar a través de todos los vehículos de difusión posibles (boletines, web, redes sociales, organización y participación en jornadas, o en entrevistas como esta misma que agradezco a Archivoz) para captar el interés y vencer la resistencia o los miedos, a veces alimentados por prejuicios o imágenes estereotipadas, para que muchas más personas se animen a entrar en la biblioteca y hagan uso de sus servicios.

Son estos casos los especialmente motivadores y enriquecedores profesionalmente, pues la tarea del bibliotecario es más compleja y rica, al pasar a ser un prescriptor de información, y en ocasiones, un formador o guía en el autoaprendizaje de esas competencias informacionales por parte del ciudadano. Lo cierto es que, una vez superada esa barrera de desconocimiento, la valoración del servicio es muy positiva por parte de los usuarios, sobre todo porque pueden comprobar de primera mano la utilidad del servicio al ver satisfecha su demanda de información; o en su caso, al ser referenciados hacia otros recursos o servicios que pueden resolver su problema. Es en este punto último donde los profesionales de los distintos servicios de información nos configuramos como una red de apoyo mutuo: aunque sea de forma invisible e intangible, ¡estamos ahí!

Una de mis tareas fundamentales es asegurarme –utilizando en ocasiones algo de pedagogía profesional– de que los cargos directivos de la entidad sean los primeros interesados en reconocerla y valorarla. En este sentido tengo que decir que me he sentido respaldado por las sucesivas juntas directivas que han pasado por el Ateneo a lo largo de estos ya más de 10 años. Por la naturaleza cultural del Ateneo, las personas que ocupan puestos de responsabilidad suelen mostrar sensibilidad y empatía hacia el servicio de biblioteca-hemeroteca. Esto es una importante ventaja, sobre todo cuando hay que confrontar y hacer ver el porqué de determinadas decisiones tomadas en virtud del criterio profesional del bibliotecario.

Tener el respaldo de la Junta directiva es la palanca que nos proyecta también hacia el exterior. Como bibliotecario, también debo prestar apoyo técnico –en los ámbitos de mi responsabilidad profesional– a la directiva del Ateneo, así como en su relación institucional con otras entidades e instituciones públicas que gestionan los recursos y derechos a los que podemos acogernos.

Espacios de trabajo (X.Porto)

Espacios de trabajo (X.Porto)

(Archivoz) Hace tiempo que la Hemeroteca emprendió el proceso de digitalización ¿Qué particularidades habéis encontrado al digitalizar un fondo como este?

(FR) Me gustaría hacer dos consideraciones como punto de partida: la primera es que la digitalización no supone un ahorro de espacio o costes de conservación de la colección. El documento objeto de la digitalización debe ser conservado igualmente y para su consulta física debemos mantener los mismos recursos existentes. El disponer de una copia digital maestra, para cuya obtención en ocasiones deterioramos aunque sea mínimamente el documento durante su manipulación, no sustituye la consulta, ya que para la investigación, hay muchos aspectos de la caracterización del documento que solo son apreciables mediante el acceso físico al mismo.

La segunda consideración es que la digitalización no simplifica la gestión de la colección. Sin duda facilita la difusión del contenido intelectual de los documentos y con efecto multiplicador; pero esto añade complejidad al tener que dedicar más recursos y más específicos, a la gestión y el mantenimiento de la colección digital.

Esto que comento de entrada, y que puede resultar obvio en el desarrollo de nuestra práctica profesional, es sin embargo uno de los principales malentendidos que hay que deshacer a la hora de abordar y defender un proyecto de digitalización ante personas que no tienen perfil técnico. Para comprobarlo basta con consultar la hemeroteca reciente: cuando alguna entidad o institución pública se embarca en talleres de empleo o iniciativas para digitalizar patrimonio documental, suelen ser éstas, el ahorro de espacio y de costes, las que se aluden como las principales ventajas que se esperan alcanzar.

Hecho este inciso, en el Ateneo hemos desarrollado un proyecto para recuperar, digitalizar y poner en valor la mayor parte de nuestro fondo de prensa local histórica. Para ello contamos con el inestimable apoyo económico de la Fundación Barrié. Se trata de ejemplares de prensa, en muchos casos únicos y de gran valor histórico y social. Son principalmente cabeceras de prensa editadas en Ferrol a finales del siglo XIX o comienzos del XX. Nuestra colección digital se nutre de la copias digitales procedentes de este proyecto, disponibles para consulta; así como colecciones digitales externas recibidas por varias vías como la donación o adquisicion de colecciones de prensa histórica en CD-ROM, etc.

Uno de nuestros objetivos a corto plazo es proceder a la digitalización de la colección completa de los diarios Ferrol Diario y El Norte. Ésta es una necesidad muy demandada por parte de los usuarios, casi podría decir que es ansiada, por cuanto abarca un periodo de nuestra historia reciente, en las postrimerías del franquismo y la transición democrática, que es un campo muy abierto para la investigación. Por otra parte, con los medios de digitalización de los que disponemos en la biblioteca-hemeroteca, puntualmente se digitalizan determinados documentos de interés o a demanda, pasando a formar parte de la colección digital.

En cuanto a particularidades, en la digitalización de prensa el punto más crítico es el postprocesado OCR (reconocimiento óptico de caracteres), en muchos casos la calidad de la impresión no es buena, o el estado de conservación del original que llegó hasta hoy no está en las mejores condiciones, la conversión de la imagen digital en caracteres legibles exige muchas horas de dedicación para la corrección de errores.

(Archivoz) ¿Existe algún plan de difusión para estos fondos através de Internet?

El fin último de la digitalización es la consulta del contenido de la colección de prensa histórica a través de internet. Es un proceso que ya iniciamos en su momento con sucesivos gestores de contenidos que no se adecuaban a nuestras necesidades y que continuamente estamos repensando. En este punto creo que es importante compartir el aprendizaje que obtuvimos: hay que dedicar más tiempo a la fase de análisis, subordinando a ella la implantación de soluciones de software que en principio parecen muy atractivas y asequibles, pero que en la práctica consumen un tiempo y unos recursos técnicos muy por encima de las ventajas que puedan presentar a priori.

Actualmente estamos trabajando con colaboradores en el diseño de un sistema de gestión portable basado en elementos preprocesados, que eliminan la dependencia de tecnologías de servidor y recursos informáticos. Creo que vamos por buen camino y en los próximos meses podremos ofrecer buenas noticias. El siguiente punto en nuestra hoja de ruta digital pasa por el desarrollo de una API y la colaboración con otras redes como Galiciana y Europeana.

(Archivoz) El mundo de los archivos y la gestión documental siempre ha estado muy presente en las Xornadas de Documentación que organiza el Ateneo Ferrolán. ¿Qué os animó para iniciar estos eventos especializados en vuestra ciudad? ¿Cómo valoras hoy la experiencia?.

Las Xornadas DOC se vienen celebrando desde 2013. Aquella primera edición nació de la inquietud por dar visibilidad y comunicar a la sociedad la importancia del trabajo que se realiza desde archivos, bibliotecas, museos, centros de documentación. Creímos que ningún sitio mejor que un ateneo para dar cabida al debate y la opinión desde diferentes enfoques y puntos de vista. Buscamos un formato que diera pie a la interacción profesional desde campos de aplicación distintos, y también que suscitara el interés por conocer lo que ofrecen los servicios de información a la ciudadanía en general.

La experiencia de aquella jornada, dedicada a las bibliotecas y archivos especializados en información local, fue muy positiva y tuvo buena acogida entre la comunidad, la universidad, y a nivel institucional. El resultado de todas las ediciones ha sido sumamente enriquecedor y generador de contactos e intercambio de experiencias, una retroalimentación en la que todos ganamos. Quiero agradecer muy especialmente la colaboración desinteresada de los profesionales que participan en las Xornadas, así como la colaboración recabada de instituciones como la Universidade da Coruña o el Concello de Ferrol, entre otras.

Desde 2013 hemos abordado muchos otros temas: experiencias en la creación de archivos y centros de documentación basados en la aportación y colaboración colectiva; la contribución social de los servicios documentales de las bibliotecas especializadas en los ámbitos universitario, militar, penitenciario o eclesial, acercando a la ciudadanía estas realidades; la gestión documental en los medios de comunicación y los retos que suponen la revolución tecnológica y las redes sociales. Los contenidos de las ponencias están disponibles en audio a través del micrositio de las jornadas o en Internet Archive. El próximo mes de mayo celebraremos las quintas Xornadas DOC, dedicadas a las bibliotecas escolares como formadoras y educadoras, a las que desde aquí quiero invitar a los lectores de Archivoz.

(Archivoz) El Ateneo Ferrolán es una entidad cultural que ha resistido desde 1879 los avatares de la historia y lo ha hecho manteniendo su vocación de servicio a la comunidad. ¿Cómo enfrenta su futuro el centro que diriges?
Xoán Porto

Edificio del Ateneo Ferrolán (X. Porto)

(FR) El Ateneo tiene una azarosa vida, a lo largo de más de 140 años, con distintas épocas en las que agonizaba y resurgía sobre sus cenizas. Su penúltima etapa se cortó abrúptamente con el golpe de estado que lideró el general Franco. La violenta represión que siguió al levantamiento militar alcanzó en nuestra ciudad unas cotas de brutalidad estremecedoras.

Tras la “longa noite de pedra”, con el regreso de las ansias de libertad y democracia, la sociedad ferrolana de los años 1970 reavivó el fuego que habían alentado generaciones pasadas. Bajo ese espíritu, en 1983 se creó el servicio de hemeroteca. Desde 1996 la biblioteca quedó integrada en la red de bibliotecas de Galicia, y en 2008 la Xunta de Galicia le otorgó la consideración de biblioteca de titularidad privada de especial interés para Galicia, por la importancia de sus fondos hemerográficos.

El lema del Ateneo Ferrolán es “Un lugar para la cultura”, como profesional me siento muy honrado y es a la vez una gran responsabilidad representar, desde mi ámbito, a una entidad que fue y es modelo. Me gustaría aprovechar la ocasión para agradecer a todas las personas, socios y socias del Ateneo, que contribuyen y se esfuerzan en mantener abierto este faro de la cultura, porque en los tiempos que corren es algo casi heroico.

En cuanto al futuro de la biblioteca-hemeroteca, me gusta ver las cosas siempre con optimismo, pero sin perder de vista el horizonte. En este sentido, una de las cuestiones acuciantes es resolver el asunto del traslado de los fondos bibliográficos que permanecen fuera de la entidad, a raíz de la problemática surgida durante el desarrollo de las obras de rehabilitación de la sede del Ateneo, un edificio histórico del siglo XVIII, legado por el benefactor Pedro Carvajal al Ayuntamiento de Ferrol.

Además del problema sobrevenido con los fondos, la obra municipal pretendía acabar con muchos de los problemas históricos de la biblioteca, ubicada en la tercera planta y bautizada con el nombre de la insigne oceanógrafa ferrolana Ángeles Alvariño. Desgraciadamente y a día de hoy, aunque buena parte de las problemáticas como las copiosas goteras se fueron solventando con la nueva cubierta, y se mejoró el espacio útil para depósito de fondos, dotándose también de un acceso adaptado con ascensor, imprescindible para prestar el servicio de forma adecuada; el proyecto arquitectónico también provocó nuevos problemas, como el diseño de superficies desniveladas, disfuncionales para su utilización; y dejó sin solventar o agravó otros, como el diseño de la iluminación natural y artificial de los espacios o el control de las condiciones ambientales en las salas. Creo que, en algún momento, bibliotecarios y arquitectos deberíamos sentarnos a hablar (risas).

(Archivoz) ¿Cuáles consideras que son los retos del presente para los profesionales de la documentación en este tipo de entidades culturales?

Creo que los retos para el profesional en un centro como este no son muy distintos a los que afronta la profesión en general: presupuestos muy ajustados por la coyuntura económica general que obligan al profesional a multiplicarse; desde la utilización y captación de recursos materiales, hasta el desarrollo de todo tipo de tareas que exigen la aplicación de conocimientos de distintas disciplinas (mantenimiento de sistemas informáticos, comunicación pública, colaboración con la acción cultural de la entidad, atención al público, organización de exposiciones, jornadas, edición de publicaciones, difusión de actividades…) y todo ello en un horario exiguo.

En resumen, trabajar en un centro con una personalidad cultural tan acusada como el Ateneo Ferrolán trasciende lo laboral y la implicación personal es inevitable. Podría resumirlo en que la tarea es tan agotadora como enriquecedora.