Archivo Regional

Manuscrito de Móstoles: antecedentes de la convocatoria y constitución de las Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid)

Un contenedor de obras en el municipio de Griñón. Un conjunto de documentos de los siglos XVII a XIX abandonados en él. Un trabajador que recoge parte de esos documentos y los entrega al Ayuntamiento de Móstoles coincidiendo con la preparación del bicentenario de la Constitución de 1812. Un traslado de dichos documentos al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid para su conservación en este centro en aplicación de la normativa de patrimonio histórico.

Éste es el telón de fondo –casual y, por qué no decirlo, también algo rocambolesco- en el que se enmarca el hallazgo entre esos documentos abandonados del llamado Manuscrito de Móstoles, conjunto de documentos a través de los cuales su autor describe las actuaciones que dieron lugar a la convocatoria y constitución de las Cortes de Cádiz en septiembre de 1810 mientras se desarrollaba la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas.

Carpetilla con la frase que da título al Manuscrito. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Carpetilla con la frase que da título al Manuscrito. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Se trata de un Manuscrito interesante por diversas razones, que está formado por varios documentos que se complementan entre sí a modo de capítulos de un libro, reunidos todos ellos en una carpetilla cuyo título –“Colección de los antecedentes de las Cortes generales y extraordinarias”- resulta, por sí solo, una declaración de intenciones de la relevancia y finalidad que persigue esta obra, la cual, como su autor explica en el prólogo de la misma, “puede considerarse como un preliminar del Diario de Cortes y una justificación de ellas y del modo de celebrar sus sesiones”.

Es, sin duda, el texto principal de este Manuscrito el que ofrece una visión general de su importancia al describir con detalle, en el marco de una narración que finaliza bruscamente, sin anuncio de su fin ni conclusión final, las actuaciones que, desde mayo de 1808, permitieron convocar y constituir las Cortes de Cádiz. Esto, unido al hecho de que todo el conjunto documental esté redactado a modo de borrador, permite concluir que el Manuscrito está incompleto y sin terminar, ya que el autor incluye en su relato tachones, correcciones, anotaciones marginales y llamadas a textos escritos en hojas sueltas para su inserción posterior en el cuerpo principal del documento, lo que hace pensar que se trata de un escrito en fase de elaboración cuyo destino final bien pudiera haber sido su publicación impresa. Eso explicaría también que el Manuscrito se inicie con la frase “Al lect” tachada, indicio quizá de que el autor se estaba dirigiendo al público anónimo y colectivo que leería su obra.

Inicio del Manuscrito con la expresión "Al lect" tachada. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Inicio del Manuscrito con la expresión «Al lect» tachada. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Documentos normativos anexos al texto principal del Manuscrito. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Documentos normativos anexos al texto principal del Manuscrito. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tan importante como la descripción cronológica de los acontecimientos que se exponen en el texto principal, lo es el que esos hechos se apoyen en diferentes escritos de carácter normativo, prueba del interés que tiene el autor de otorgar a su exposición una justificación jurídica. Mientras que en unos casos el redactor opta por transcribir entre comillas parte de esos textos, en otros su narración remite mediante notas a unos anexos en los que es posible consultar una extraordinaria colección de veinticuatro documentos normativos fechados entre junio de 1809 y septiembre de 1810 que acreditan legalmente las actuaciones narradas en el texto principal. Se trata de copias o traslados de época, manuscritos e impresos, numerados por mano del autor, algunos de los cuales –a semejanza del resto de documentos- presentan tachaduras y anotaciones realizadas por éste.

La lectura de todo el conjunto documental (carpetilla, prólogo, texto principal y documentos normativos) lleva a plantearse tres preguntas clave –cuándo, quién y por qué se redactó este Manuscrito-, que sólo obtienen respuesta tras analizar las miguitas de pan que, a modo de piezas de un puzle, ofrecen cada uno de los documentos que lo componen.

Detalle del único documento del Manuscrito que está fechado. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Detalle del único documento del Manuscrito que está fechado. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Tan sólo uno de ellos, el prólogo, está fechado, lo que permite situar a su autor en la ciudad de Cádiz el 26 de enero de 1813 en el momento de redactarlo, pero no afirmar, ni siquiera conjeturar, si este prólogo se escribe antes o después que el resto de documentos que conforman el conjunto, ya que en ninguno de ellos aparece una fecha que permita datarlo. Lejos de ser esto un inconveniente, esta única fecha se revela como un dato de gran valor para poder responder a la segunda de las incógnitas que plantea este Manuscrito, quién lo escribió.

Se trata de una cuestión de gran complejidad por cuanto que ninguno de los documentos tiene firma o rúbrica y en ninguno de ellos se alude a la autoría de los mismos, por lo que el único indicio del que se dispone para tratar de averiguar la identidad del autor del Manuscrito es la frase “Al Padre Maestro Fray Jaime Villanueva”. Esta expresión corta, escueta y sin aparente valor, que figura en un sobre reutilizado que contiene un pequeño texto que debe insertarse en la narración principal del documento, se convierte en el punto de partida de un riguroso estudio de investigación histórico y caligráfico.

Detalle del sobre reutilizado en el que figura la única mención al autor del Manuscrito. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Detalle del sobre reutilizado en el que figura la única mención al autor del Manuscrito. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

De este modo, tras estudiar la vida y obra de este fraile dominico con una importante labor literaria a sus espaldas y, sobre todo, tras comparar la letra del Manuscrito con la letra de otros documentos de autoría claramente atribuida a este religioso que se conservan en otros archivos, se llega a la firme conclusión de que Fray Jaime Villanueva pudo ser el autor material de este documento, ya que, a las pruebas evidentes que aporta su caligrafía, se añade el hecho de que desde noviembre de 1810 hasta junio de 1813 ocupa el cargo de redactor del Diario de las Cortes de Cádiz, por lo que se encontraba en esta ciudad en la fecha en que se escribe el prólogo del Manuscrito.

Es este trabajo como redactor del Diario de Cortes lo que, a su vez, permite construir una sólida hipótesis que resuelve el último de los interrogantes que plantea este conjunto documental, por qué se escribió. Nadie mejor que alguien que desempeñó la labor de redactar y recoger las actuaciones de las Cortes de Cádiz para escribir una obra cuyo propósito, tal como se recoge a lo largo del propio Manuscrito, es reunir los antecedentes de las Cortes extraordinarias, desconocidos para el público en general y que parece estaban dispersos y con riesgo de desaparecer; resaltar la importancia de la celebración de unas Cortes extraordinarias en un momento de crisis nacional, con el país invadido por tropas extrajeras y el monarca prisionero en Francia; mostrar las dificultades que hubo que superar para que pudieran celebrarse; y, sobre todo, probar la legitimidad de estas Cortes, cuestionada por algunos en un momento en que el final de la guerra y el regreso de Fernando VII se ven ya muy cercanos y empiezan a desacreditarlas “como ilegales, y tumultuarias, por la calidad de los diputados que las compusieron desde el principio, y por la forma de sus votaciones, y por haberse atrevido a publicar una nueva constitución y a dar varios decretos de reforma, que no estaban en sus atribuciones ni fueron el objeto de su congregación”.

El Manuscrito de Móstoles es una de las cincuenta y nueve unidades documentales que se encontraron abandonadas en un contenedor de obras de Griñón. La mayor parte de estos documentos –organizados en siete carpetas identificadas con letras de la A a la G- son borradores o copias simples de época, escritos en papel de época también, desconociéndose quién pudo realizarlos, en qué fecha, con qué finalidad y, especialmente, quién y con qué intención se recopilaron o por qué motivo fueron abandonados en la calle.

El contenido de estos documentos hace referencia a diversos acontecimientos de la historia de España desde finales del siglo XVII al primer tercio del siglo XIX y presentan dos rasgos destacados. El primero es que muchos de ellos reflejan un gran interés por los ejércitos: sus actuaciones, su intendencia, el estado de las tropas, las actuaciones de militares destacados o sucesos acaecidos durante la Guerra de Sucesión, la Guerra de la Independencia y la Primera Guerra Carlista. El segundo es que los documentos de tres de las siete carpetas en que se organiza este conjunto documental tienen relación directa o van dirigidos a Francisco de Laborda y Pleyler, destacado militar de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, razón por la que este conjunto de documentos sin aparente nexo orgánico-funcional entre sí toma el nombre de Colección Francisco de Laborda.

Son muchos los interrogantes que rodean a esta Colección en general y al Manuscrito de Móstoles en particular, pero al margen de estas incógnitas, lo cierto es que el Manuscrito es hoy por hoy un singular y relevante documento cuya consulta resulta imprescindible para todos aquellos que deseen conocer el origen y punto de partida de uno de los períodos constituyentes más importantes, si no el que más, de nuestra historia contemporánea.

 

DATOS DEL DOCUMENTO

Colección Francisco de Laborda
Signatura 75723
Archivo Regional de la Comunidad de Madrid
Para saber más, haz click aquí.


Artículo facilitado por: Archivo Regional de la Comunidad de Madrid

Gustavo Gillman: la extraordinaria memoria fotográfica del sureste español de entresiglos… y mucho más (Archivo General de la Región de Murcia)

El Archivo General de la Región de Murcia ha reunido un legado de más de 1.300 placas fotográficas de uno de los más sorprendentes fotógrafos de finales del s. XIX y comienzos del XX. Entre ellas se encuentran algunas de las primeras instantáneas en color realizadas en España.
Gillman (centro) junto a dos inversores extranjeros en del distrito minero de Las Menas, Serón, Almería (c. 1897).

Gillman (centro) junto a dos inversores extranjeros en del distrito minero de Las Menas, Serón, Almería (c. 1897).

Gustavo Gillman (Londres, 1856-Petrópolis, 1922) fue un ingeniero británico que vivió en el sur de España dedicado a diversas empresas mineras y a la construcción y explotación de una línea férrea entre las provincias de Murcia, Almería y Granada. Casado con una española, con la que tuvo una extensa descendencia, su residencia habitual se localizó en la murciana localidad de Águilas, aunque sus continuos compromisos laborales y su afición por los viajes le llevaron a recorrer continuamente la Península Ibérica y a visitar otros países como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Suiza o Italia, para más tarde, por motivos laborales pasar a Brasil, donde falleció. De una familia acomodada, tuvo una exquisita educación que incluyó disciplinas como la pintura, la música o la astronomía, además de dominar numerosos idiomas y contar con un espíritu sensible e interesado por todo lo que observaba en su entorno. Por su trabajo como ingeniero estuvo en contacto y tuvo una especial propensión a conocer y manejar los avances tecnológicos que fueron apareciendo en plena revolución industrial, entre ellos el de la fotografía.

Todo esto no sería excesivamente relevante si no fuera porque buena parte de sus desplazamientos y de su actividad profesional y familiar quedó ampliamente plasmada a través de la fotografía. Entre 1889 y 1922 impresionó centenares de imágenes, con una técnica y una plástica exquisitas, puesto que vivió y viajó acompañado, siempre e indefectiblemente, por sus cámaras fotográficas, con las que registró de forma única todo lo que veía de interés a su paso (paisajes, monumentos, obras públicas, personajes populares…). La fotografía constituyó para él una fuente de satisfacción y de orgullo, como lo demuestra los numerosos concursos fotográficos en los que participó en Inglaterra y en los que obtuvo diversos premios y menciones.

Como afirma el profesor Vázquez Casillas “Es en ese espacio (…) de uso de la imagen fotográfica, entre lo documental y lo creativo, en el que situamos, por lo tanto, la labor compositiva de Gustavo Gillman; un fotógrafo (claro es) no profesional, pero que excede con evidencia, por su capacidad e intelecto, el mero trasunto de captación objetiva (o domesticada) de la realidad para construir imágenes subjetivas sin perder por ello verdad”.

Esta amplia colección gráfica se generó tanto para su uso profesional como para su disfrute personal y familiar, sin excesivas pretensiones de divulgación más allá de la publicación de algunas de sus imágenes en revistas británicas especializadas. Sin embargo, tras su muerte su archivo fotográfico se fue dividiendo entre sus numerosos descendientes, residentes en distintos países (España, Suiza, Holanda…), al mismo tiempo que algunas imágenes suyas –por diversos avatares– acabaron en centros como el Museo del Traje (Madrid) o en el Archivo Municipal de Águilas. Paralelamente, las imágenes de Gillman circularon por el Sureste español y se reprodujeron durante décadas, la mayoría de las veces obviando su autoría. Y no ha sido hasta comienzos del siglo XXI cuando su figura como fotógrafo ha comenzado a ser conocida, valorada y reivindicada. Y también cuando parte de este legado ha se ha vuelto a reunir en una institución pública como el Archivo General de la Región de Murcia, que cuenta con una amplia vocación de conservación y difusión del patrimonio fotográfico.

La génesis del fondo de Gustavo Gillman: volumen, soporte y formatos

La colección que posee el Archivo General supera actualmente las 1.350 fotografías originales, entre negativos, diapositivas y copias en papel (aparte de otras 200 copias digitales cedidas por sus propietarios y realizadas a partir de otras tantas imágenes originales), y como se ha indicado, se ha ido conformando en los últimos años gracias a distintas y sucesivas donaciones, hasta constituir el conjunto fotográfico referido a Gustavo Gillman más importante en la actualidad:

– En 2009 D. Gabriel Folqués Lázaro, de Valencia, cedió poco antes de fallecer un conjunto de 465 fotografías, en su mayor parte negativas, además de libretas con anotaciones técnicas de las capturas fotográficas, diarios de viajes e informes, todo ello de puño y letra de Gillman, así como diversos objetos.

– En 2016 y 2020 los hermanos Van der Heijden, de Holanda, bisnietos de Gillman, hicieron donación de otro conjunto de 585 negativos y diapositivas, 1 daguerrotipo y 34 autocromos, buena parte de ellas instaladas en sus sobres originales y en diversas cajas de madera, realizadas por el propio fotógrafo.

– En 2019 otro bisnieto del fotógrafo, Gustavo Gillman Mellado, hizo donación de una colección de 276 negativos estereoscópicos datados entre los años 1904 y 1910, en sendas cajas de madera originales, con la especial particularidad de que estas imágenes son totalmente inéditas.

El fondo fotográfico en su conjunto que conserva el Archivo, datado entre los años 1889 y 1914, conserva las capturas que realizó Gillman con las distintas cámaras que poseyó a lo largo de su vida, en diversos procedimientos y formatos (negativo a la gelatina-bromuro, diapositivas, imágenes estereoscópicas, ambrotipos…), tamaños (desde las diapositivas de 80 x 80 mm, pasando por negativos de formato medio, hasta las grandes placas de vidrio de 240 x 300 mm) y soportes (vidrio, película flexible, papel…). Un auténtico muestrario de las distintas técnicas fotográficas de la época.

Gillman, pionero de la fotografía en color en España

La placa autocroma, ideada y comercializada por los famosos hermanos Lumière a partir de junio de 1907, fue el primer formato comercial en color hasta la aparición en 1935 de la película “Kodakchrome”. Se trata de un procedimiento por el que se obtenía una placa de vidrio positiva mediante la impresión de microscópicos puntos de los colores elementales. Pues bien, de acuerdo con las anotaciones de nuestro fotógrafo, el primer autocromo que impresionó en Águilas está datado el 30 de septiembre de 1907: apenas tres meses después de su presentación en París. Estaríamos, por tanto, ante la primera fotografía en color tomada en España y, que además, tenemos la suerte de conservar, aunque con algunos daños en la emulsión. Lo que, entre otras cosas, nos da idea de lo atento que Gillman estaba a las innovaciones fotográficas, a pesar de residir en el Sureste español.

“Entrance to Huerta house from porter’s door”, Águilas: primer autocromo de Gillman (30-9-1907)

“Entrance to Huerta house from porter’s door”, Águilas: primer autocromo de Gillman (30-9-1907)

El Archivo General conserva un total de 34 autocromos originales de Gillman y copia digital de otros seis que posee la familia Van der Heijden, datados entre 1907 y 1913.

Una diversidad de temáticas y geografías

A la pluralidad de técnicas y formatos fotográficos empleada por Gillman se une una diversidad de propósitos. Sus intereses fotográficos se pueden dividir en cuatro grandes grupos:

– Profesionales: instantáneas de fábricas e instalaciones industriales visitadas en el Norte de España (Cantabria y País Vasco), viajes a cotos mineros (Almería, Cádiz, Murcia…), cables aéreos, línea y obras del ferrocarril de Lorca a Baza, accidentes ferroviarios, así como la completísima serie de construcción del embarcadero de mineral de El Hornillo (Águilas), diseñado y construido por Gillman entre 1900 y 1903.

 

Mina a cielo abierto en Riotinto, Huelva (1900)

Mina a cielo abierto en Riotinto, Huelva (1900)

Grúa Titán durante la construcción del embarcadero de El Hornillo, Águilas (c. 1902)

Grúa Titán durante la construcción del embarcadero de El Hornillo, Águilas (c. 1902)

 

– Viajes y paisajes: abarca desde los entornos naturales desde los Alpes hasta la selva amazónica, pasando por la campiña inglesa y las montañas y campos del sureste español, así como vistas de monumentos y ciudades españolas (Madrid, Segovia, Toledo, Sevilla, Córdoba…) y extranjeras (Londres, París, Roma, Lisboa). También abundan las escenas marítimas y los barcos (de vapor y de vela), así como puntuales acontecimientos sociales (corridas de toros, apertura de las Cortes españolas…).

Real Tribunal de Justicia de Londres (1899)

Real Tribunal de Justicia de Londres (1899)

Pabellones de la Exposición Universal de París (1900)

Pabellones de la Exposición Universal de París (1900)

 

– Familiares: Gillman realizó numerosos retratos más o menos formales de su familia, tanto en su casa como en exteriores, además de registrar el interior y el entorno de sus distintas residencias en Águilas y en Petrópolis. Además, gustaba de disfrazar a sus hijos y de recrear escenas costumbristas o literarias.

– Etnológicas: Sin duda una de sus grandes pasiones. Gillman, quizás por su origen británico, gustaba de fotografiar a las clases populares rurales y urbanas, el bullicio de los mercados, el ambiente en las fuentes y lavaderos, los pastores con sus rebaños… Se especializó en apostarse junto a un camino o rambla con su cámara preparada, en apariencia de estar leyendo, para obtener instantáneas “robadas” en las que captaba de forma espontánea a campesinos a pie o a lomos de sus caballerías.

Canoa de Antonio do Ceo, Santa Cruz, Brasil (1912)

Canoa de Antonio do Ceo, Santa Cruz, Brasil (1912)

Mujeres en un camino cerca de Hondarribia, Guipúzcoa (1900)

Mujeres en un camino cerca de Hondarribia, Guipúzcoa (1900)

 

Como decimos, el legado de Gillman aporta un impagable testimonio en imágenes de las gentes y los lugares por donde discurrió, trabajó y vivió, tanto en España como en distintos países de Europa y América. He aquí un resumen numérico de los ámbitos geográficos que abarca.

Procedencias de las imágenes originales del fondo de Gustavo Gillman en el Archivo General

Ámbito geográfico Nº de fotografías
ESPAÑA (provincias):
Murcia 418
Almería 187
Madrid 53
Granada 45
Segovia 30
Toledo 30
Sevilla 28
Cádiz 20
Guipúzcoa 17
Alicante 12
Vizcaya 10
Cantabria 9
Álava 9
Huelva 8
Córdoba 5
Albacete 5
886
TOTAL
OTROS PAÍSES:
Brasil 259
Gran Bretaña (Londres, Inglaterra y Escocia) 84
Suiza (Cantón de Valais) 67
Portugal (Lisboa y Madeira) 16
Alemania (Selva Negra) 10
Francia (París) 11
Países Bajos (Rotterdam) 11
Italia (Roma) 5
463
TOTAL 1.349

Las sucesivas donaciones incluyen, además de negativos y positivos fotográficos, otro tipo de material, como documentos textuales, filtros fotográficos, objetos de escritorio, etc. Entre los documentos que han llegado al Archivo se conservan hasta trece libretas que recogen, de puño y letra del fotógrafo (aunque con variaciones en el tipo de información, según la época), las anotaciones técnicas de sus capturas fotográficas y que dejan constancia de la minuciosidad, propia de un ingeniero, con la que trabajaba: número de negativo, fecha, hora, tipo de lente, luz ambiental existente, apertura, tiempo de exposición, lugar y título de la fotografía. Información impagable para historiadores e investigadores de la fotografía, y para identificar y contextualizar adecuadamente las imágenes.

En segundo lugar, destacan los diarios de viaje donde dejaba constancia de sus numerosos desplazamientos de trabajo por toda España para evaluar y asesorar en distintos proyectos empresariales, realizar seguimientos de encargos o de los trabajos en sus propias explotaciones, pero también para documentarse sobre nuevos proyectos o técnicas que le interesaban. Numerosas copias de sus informes técnicos sobre minas y ferrocarril, además de notas y croquis sobre astronomía y un libro de partituras con arreglos de música culta y popular para guitarra, completan el fondo del incansable y polifacético Gillman.

En definitiva, un impagable legado fotográfico a nivel nacional e internacional.

Pareja de campesinos cerca de Pulpí, Almería (1899-1900)

Pareja de campesinos cerca de Pulpí, Almería (1899-1900)

Puestos de mercado al pie del acueducto de Segovia (c. 1899)

Puestos de mercado al pie del acueducto de Segovia (c. 1899)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para saber más:

  • Juan A. Grima Cervantes y Juan Roberto Gillman Mellado (Eds.): Almería insólita: el legado fotográfico de Gustavo Gillman, 1889-1922, Mojácar: Arraez editores, 2010.
  • José Fernando Vázquez Casillas y Javier Castillo Fernández: Gustavo Gillman, ingeniero en imágenes: Fotografías de la Región de Murcia (1889-1912). Murcia: Tres Fronteras, 2019 (2ª edición corregida). Disponible (pinchando aquí)

 

*Imagen de portada: Plaza de Santo Domingo, Baza, Granada (1905)


Artículo facilitado por: Archivo General de la Región de Murcia

Cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid)

Adiós pichón, alhaja, consuelo mío. Adiós, ¿te volverá a ver pronto tu esposa?. Cuánto, cuánto lo deseo para darte cien mil millones de besos muy apretados, mucho, mucho. Entre tanto, tómalos por medio de esta carta y estés seguro que sólo en ti piensa y a ti quiere y a los pichones, tu Baltasara”.

Así finaliza una de las cartas que se conservan en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid que la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias escribió entre finales de 1839 y octubre de 1840 a Agustín Fernando Muñoz, con el que, siendo ya Regente de su hija Isabel II, había contraído matrimonio morganático en diciembre de 1833, tres meses después del fallecimiento de Fernando VII, su primer esposo. Unas misivas que acercan al público a la figura política que, sin duda, fue María Cristina, pero también a la mujer que amó a su familia.

El contenido de estas cartas sólo puede entenderse en el contexto de las circunstancias políticas que rodearon la Regencia por la minoría de edad de Isabel II, de apenas 3 años en el momento de su ascenso al trono en 1833, y que obligaron a que el segundo matrimonio de la Regente permaneciera oficialmente oculto a la opinión pública y a que la familia viviera separada: María Cristina permaneció en España con Isabel II y la Infanta Luisa Fernanda, mientras que Agustín y los cinco hijos que tuvo la pareja durante los años de la Regencia vivieron la mayor parte del tiempo en Francia, si bien las propias cartas aluden a períodos de tiempo que la Regente pudo compartir con su esposo o alguno de sus hijos.

Detalle de las cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Detalle de las cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

A través de una letra difícil de leer, aprovechando todo el espacio que le permiten las hojas en las que escribe y en un castellano casi perfecto, la monarca traslada al lector a su último año como Regente, para narrar, en primera persona, sus profundos sentimientos hacia el antiguo Guardia de Corps y hacia los hijos nacidos de esa unión. Unos sentimientos que alternan el gozo por el amor que se profesan, la alegría por recibir noticias de su familia y la tristeza por la distancia y las dificultades que les separan, sin olvidar los consejos y recomendaciones que traslada a su esposo para el día a día de su vida doméstica.

Al mismo tiempo, y con la confianza que sólo se puede tener con la persona amada, esta correspondencia es testimonio único para conocer de primera mano un año especialmente convulso en el ámbito político, la semblanza que realiza la Reina de los políticos y militares con los que convivió en ese tiempo (Espartero, Narváez, Van Halen, Montes de Oca, Huet, …) y cuáles fueron sus posiciones y decisiones ante los acontecimientos que se sucedían en el país, con el trasfondo de una Primera Guerra Carlista que, iniciada en el mismo momento de comenzar su Regencia, tocaba ya a su fin. Una narración política que, curiosamente, y en claro contraste con la expresión de sus sentimientos, María Cristina escribe en tercera persona, dando al lector la impresión de que la Reina y la autora de las cartas son dos personas distintas.

Muestra de algunas de las cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Muestra de algunas de las cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Sorprende encontrar estos saltos de primera a tercera persona dentro de la narración de cada carta, pero quizá tenga esto su razón de ser en el hecho de que se trata de correspondencia secreta no enviada por conducto oficial, sino, tal como reflejan las cartas, a través de personas de confianza de los esposos (algunas mencionadas en las misivas) que las entregaban en mano a cada uno de ellos, al tiempo que informaban a cada cónyuge de cómo habían visto y encontrado al otro. El hecho de que la autora de las cartas parezca una persona cercana a la monarca, pero no la propia Reina, puede entenderse como un intento de proteger la identidad de la redactora en el supuesto de que estas misivas fueran interceptadas por personas ajenas al matrimonio.

Este temor a que la correspondencia fuera conocida por los opositores a la Regente, especialmente por el General Espartero que, a la postre, conseguiría hacerse con la Regencia a finales de 1840 tras la renuncia de María Cristina y su exilio fuera de España, explicaría también el hecho de que las misivas no vayan firmadas ni como “Reina Gobernadora” ni como “María Cristina”, sino únicamente como “Baltasara”, un nombre que parece era común en las mujeres Borbón.

De la lectura detallada de las cartas, puede deducirse que los esposos se escribían casi a diario (la Reina, incluso, varias veces al día, aprovechando cualquier pequeño momento que le permitían sus obligaciones como Regente). Sin embargo, parece que no siempre se conseguían enviar y entregar con la misma frecuencia, de ahí que sea habitual encontrar en la correspondencia de María Cristina referencias a las misivas que recibe de su esposo, haciendo mención a la fecha en que se escribieron o al número de la carta. Es éste un dato curioso, ya que, aunque no todas las misivas están fechadas, sí todas están numeradas, lo que hace pensar que los esposos utilizaban un sistema de identificación de las cartas que sólo conocían ellos.

Cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz en papier dentelle. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz en papier dentelle. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Los distintos tipos de papel que utiliza la Reina para escribir -papel liso, papier dentelle (papel lencería), papel en forma de tríptico- es uno de los muchos detalles que, al observarse con detenimiento, contribuyen a que las cartas resulten deliciosas de leer. Un papel que, además, está decorado con motivos de lo más diverso –orlas, flores, animales, bailarinas, trovadores, escenas mitológicas, edificios parisinos como el Arco de Triunfo o la Plaza Vendôme-, lo que convierte a estas cartas en documentos visualmente muy atractivos para el lector que se acerca a ellas.

Resulta también curioso detenerse en la letra de la Regente, de lectura cuanto menos laboriosa por su pequeño tamaño; por el uso de alzados y caídos muy marcados que, en ocasiones, enlazan con otras letras o palabras; por la casi total ausencia de párrafos diferenciados; y por el escaso uso de signos de puntuación, lo que hace que las frases de la Reina sean muy largas y, en ocasiones, muy costoso distinguir en ellas cuándo termina de hablar de un tema y empieza a comentar otro. Una letra que también parece reflejar el estado emocional de la Regente, pues la letra pausada y tranquila de las primeras cartas contrasta con la más rápida y peor trazada de los días previos a su marcha al exilio, reflejo quizá de la inquietud de esos momentos o de la falta de tiempo para escribir.

Carta secreta de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Carta secreta de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Si ya por sí solas las cartas constituyen un conjunto documental extraordinario, su valor se acrecienta cuando se ponen en relación con el resto de documentos del fondo del que forman parte, el Fondo Juan Donoso Cortés, que ingresa en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid en el año 2014 en concepto de depósito en el marco del convenio suscrito entre la Comunidad de Madrid y sus actuales propietarios y titulares, los hermanos Donoso Cortés-Esteve, descendientes de uno de los hermanos del político, fallecido sin hijos en 1853. Los algo más de 2 metros lineales de documentos que constituyen este fondo, fechados entre 1818-1861, permiten conocer la vida y trayectoria de este polifacético personaje, desde su vida personal a su labor política y diplomática, su actividad como ensayista y periodista, su pensamiento político o su firme defensa de la Corona.

Se desconoce el motivo por el que las cartas que María Cristina escribió a Agustín Fernando Muñoz quedaron junto a otros documentos y bienes en la testamentaría de Donoso Cortés. Quizá se debiera a su proximidad a los esposos reales o quizá fueran un préstamo de éstos para que el político las utilizara en la redacción de obras histórico-políticas sobre la época. El hecho de que las primeras cartas estén agrupadas en una carpetilla bajo la denominación “Primer legajo cartas. Papeles importantes. Papeles que se deben consultar para la historia” pudiera apoyar esta hipótesis.

En todo caso, sean cuales fueren las razones por las que estas misivas permanecieron entre los documentos del político tras su fallecimiento, la realidad es que estas cartas, complementarias de las que también se conservan en el Archivo Histórico Nacional, son, efectivamente, documentos imprescindibles que deben consultar no sólo aquellos que deseen estudiar la historia del segundo tercio del siglo XIX, los comienzos del liberalismo o el desarrollo de la primera de las Guerras Carlistas  que tan profundamente marcaron todo ese siglo, sino también aquellos que quieran conocer la figura de María Cristina como mujer amada y amante de su esposo y su familia.

 

Cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz
Fondo Juan Donoso Cortés
Signatura 499312
Archivo Regional de la Comunidad de Madrid 

 

*Imagen de portada: Cartas secretas de la Reina Regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias a su segundo marido Agustín Fernando Muñoz. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.


Artículo facilitado por: Archivo Regional de la Comunidad de Madrid