«Para que los documentos tengan utilidad no basta con conservarlos, hay que darles vida y eso solo se logra gestionándolos»: Entrevista a la Dra. C. Grisel Terrón Quintero, directora Patrimonio Documental de la Oficina del Historiador de la Cuidad de La Habana

La Habana es la capital de la República de Cuba, su urbe más grande, el principal puerto, su centro económico-cultural y su principal polo turístico. Fundada en 1514 (inicialmente en la costa sur de la isla) por el conquistador Pánfilo de Narváez (bajo las órdenes de Diego Velázquez de Cuéllar), bajo el nombre fundacional de Villa de San Cristóbal de La Habana, ​ fue una de las primeras ocho villas fundadas por la Corona española en la isla. Fundada en 1514 (inicialmente en la costa sur de la isla) por el conquistador Pánfilo de Narváez (bajo las órdenes de Diego Velázquez de Cuéllar), bajo el nombre fundacional de Villa de San Cristóbal de La Habana,​ fue una de las primeras ocho villas fundadas por la Corona española en la isla. Su patrimonio histórico, arquitectónico y sobre todo cultural, expresado en la fusión entre europeos, africanos y aborígenes en un inicio, junto a otros componentes étnicos y culturales más contemporáneos, convierten a la ciudad en una importante receptora de turismo internacional y en el centro de la vida nacional. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982, ​ es hoy uno de conjuntos arquitectónicos mejor conservados de América Latina. Archivoz conversa con la Dra. C. Grisel Terrón Quintero, directora de Patrimonio Documental de la Oficina del Historiador de la Cuidad de la Habana.

Archivoz: Hola Grisel, es un verdadero honor para la revista contar con sus apreciaciones. Muchas gracias por su tiempo. Consideras importante la gestión y preservación del Patrimonio Documental como parte de los bienes de una cuidad Patrimonio de la Humanidad como La Habana? ¿Por qué?

(Grisel Terrón Quintero) Sin dudas, más que importante, diría vital. Más allá de que un conjunto documental sea o no considerado patrimonio, para que los documentos tengan utilidad no basta con conservarlos, hay que darles vida y eso solo se logra gestionándolos, buscando maneras de que estén accesibles porque solo así cumplen su función primigenia que es informar y dar cuenta de actos. Si esos documentos son además patrimoniales por su valor, particularidad o antigüedad, pues razones adicionales para ponerlos en valor porque el patrimonio es de todos. Y si, por otra parte, esos documentos patrimoniales están en una ciudad como La Habana, histórica, más allá de su titulación como Patrimonio de la Humanidad, la responsabilidad de gestionarlos adecuadamente crece. Nuestro patrimonio documental da fe de lo que somos. Dicho de otra manera, somos, porque los documentos avalan una historia, un trayecto, de lo contrario, ¿qué ciudad seríamos?, ¿cómo podrían demostrarse valores patrimoniales de la ciudad más allá de lo visible?, ¿cómo sabríamos de dónde venimos y de qué manera?

Archivoz: ¿Cuál ha sido la proyección histórica de la Oficina hacia el Patrimonio Documental?

(GTQ) La Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana ha constituido, desde su fundación en 1938, una institución de vanguardia. Desde que en 1935 Emilio Roig de Leuchsenring fuera nombrado Historiador de la Ciudad, incluso sin existir la Oficina del Historiador como institución, los libros y documentos ocuparon gran parte de la gestión de la entidad. Junto al surgimiento de la Oficina, nacieron el Archivo Histórico y la Biblioteca Histórica Cubana y Americana, ambos en un valiente intento de salvar “papeles” del paso del tiempo y de los hombres. La Biblioteca Histórica surgió, además, como acto contestatario y entregado de democratización de la cultura pues al alcance de todos se pusieron bibliotecas particulares enteras. De la misma manera, la Oficina nació, no solo con la vocación de rescate de la bibliografía cubana publicada, sino con la disposición de hacerla proliferar y por eso creó un sistema de publicaciones que logró salvar a Cuba de la pérdida de una parte de su memoria de las guerras de Independencia y de la República.

Al triunfo de la Revolución muchos de los libros y documentos de la Biblioteca y el Archivo históricos se dispersaron, pero desde que Eusebio Leal asumió la dirección de la Oficina del Historiador, tuvo entre sus prioridades rescatar todos aquellos documentos diseminados y fomentar el desarrollo de las colecciones. Es por eso que se destinaron cuantiosos recursos a adquirir documentos de valor que completaran las colecciones documentales o que rescataran para la historia de Cuba materiales que, de otra manera, hubieran salido del país o se hubieran perdido en condiciones inapropiadas.

Igualmente, la Oficina potenció y extendió las bibliotecas en el Centro Histórico con la creación de más de una veintena de ellas para responder a las necesidades de información de instituciones especializadas, como museos y casas-museo. A lo largo de los años la Oficina también salvó algunos archivos de la pérdida total. Retomando la filosofía iniciada por Emilio Roig en 1938 cuando fundó la Biblioteca Histórica Cubana y Americana, las bibliotecas y los archivos se sumaron a la obra rehabilitadora desde el mundo de la información, pero también, como gestores del patrimonio documental cuyo fondo se iba engrosando mediante donaciones y compras, y como depositarias de la producción documental.

Todo esto con la visión de que estuviera accesible todo ese volumen documental, siempre con la filosofía de que estuvieran disponibles y se encontraran maneras diversas de comunicarlos.

Archivoz: Es conocido que el ya desaparecido, Dr. C. Eusebio Leal, gran Historiador de La Habana, y el hombre que más hizo en función de gestionar su patrimonio, fue merecedor del “Premio Nacional a la Conservación del Patrimonio Documental de la Nación Cubana”, como máximo reconocimiento a su destacada labor en la preservación de la Memoria Histórica del país. ¿Crees que esa impronta ha quedado en la Oficina? ¿Cómo proyectan continuar esta labor?

(GTQ) Yo creo que sí. Leal no es un fetiche, sino un hombre que representa un ideal, una manera de actuar, una filosofía que se dedicó a sembrar en los que tuvimos la suerte de trabajar en esta obra. Pienso que lo primero para continuar su camino es comprenderlo, entender su trayecto, saber cuáles son las esencias. Luego es importante la formación, la cultura que se adquiere con la lectura, el estudio y la humildad para aprender de otros. No basta con el entusiasmo por lo que se hace aquí ni con declararse admirador de Leal, hay que rellenar eso de contenido real, de responsabilidad por el patrimonio y la memoria, de comprensión de los fenómenos que reflejan los documentos, de contextualización de ellos en sus escenarios, de entender que en la base del trabajo con el patrimonio documental están las ciencias y que no se les debe menospreciar pues luego tendremos que lamentar las consecuencias, no solo materiales.

Archivoz: Desde el 2010, tienes el honor de dirigir el equipo de archiveros que trabaja en el Archivo Histórico de la Oficina. ¿Qué ha significado para ti esta encomienda profesional?

(GTQ) Verdaderamente ha sido un dulce desafío. Por una parte, por la propia historia de ese Archivo: saber que de algún modo tienes la encomienda de encauzar la salvaguarda de aquella voluntad de Roig de preservar los papeles fundacionales de la ciudad y luego de mantener a buen recaudo la documentación que con celo Leal cultivó para que ese fuera un sitio de memoria de la nación. Por otro lado, porque no se trata de poseer esa responsabilidad sino de sistematizarla y modernizarla, y hacer que esa y las restantes áreas que gestionan patrimonio documental sean cada vez más democráticas y accesibles. En otro orden de cosas, ha sido un dulce desafío estar a la altura de los valiosos profesionales que han laborado y laboran en el Archivo, algunos con años de experiencia y formación y un tremendo conocimiento de la labor archivística. Pero el reto, insisto, ha sido dulce en tanto me ha hecho mejor profesional y persona. Después que tienes en tus manos uno de los tantos documentos fundacionales de la ciudad o uno de las Guerras de Independencia del siglo XIX y uno de los colegas lo explica con pasión y vehemencia, se experimenta el sabor dulcísimo de tanto esfuerzo.

Archivoz: Si tuvieras que elegir ¿Cuál es el fondo documental más importante que atesora esa entidad para la historia patria?

(GTQ) Esa es una pregunta que no podría responder. Elegir entre tanta riqueza y diversidad no es posible. ¡¡¡¡Por otro lado, la historia patria es tan grande!!!! Los documentos están insertados en contextos, puede ser tan relevante un solo mapa de operaciones de una batalla como la notica que definió el cambio de escenario de una acción, tan trascendental el acta del gobierno donde se censuró la obra de un científico como la queja manuscrita de una mujer negra por ello, tan determinante para comprender una época un expediente como un conjunto de ellos… así habría muchos ejemplos. Prefiero entender que el Archivo todo es la memoria, que solo su complejidad da cuenta de esa historia patria y dejar esas interpretaciones a los receptores que son los que enriquecen los documentos con sus múltiples lecturas.

Archivoz: Una pregunta más personal, ¿cómo deseas ser recordada a futuro?

(GTQ): La verdad nunca había pensado en eso, no creo que tenga edad aún para esas preocupaciones ni que haya hecho nada que merezca especial recuerdo. Solo he tratado de ser fiel a lo que creo y a lo que entiendo como mi deber, todo lo cual hago con pasión irrefrenable porque así soy, pero no soy yo quien debe ser preservada ni recordada, sino la memoria y estos viejos papeles.

Archivoz: Muchas gracias por su tiempo y muchas felicidades por esa fructífera labor. Muchos éxitos.

 


Entrevista realizada por Yorlis Delgado López

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