“El interés por el cine doméstico responde a la transformación de la noción de intimidad”: Juan de Dios López López, codirector del proyecto «De imagen íntima a patrimonio audiovisual» (Parte I)

Desde hace algunos años percibimos un interés creciente por recuperar esa parte del patrimonio cinematográfico vinculado al cine doméstico. Diferentes agrupaciones en el territorio español procuran reclamar el protagonismo de cintas caseras, a menudo en formatos que van quedando obsoletos como el Super-8. Esos documentos que recogen celebraciones íntimas, reuniones familiares o encuentros sociales ayudan a reconstruir no solo nuestro pasado sino también la imagen cinematográfica del país. Juan de Dios López López lidera junto a dos colegas de la Universidad de Córdoba un proyecto que analiza esta tendencia y, sobre todo, su inserción en el catálogo de filmotecas y otros archivos públicos. Acercarnos a su investigación nos ayudará a comprender el fenómeno.

(ARCHIVOZ) Antes de nada, aunque actúes como interlocutor en nuestra entrevista, el equipo de trabajo lo completan Ignacio Alcalde Sánchez y Fernando Cañete Buenestado, compañeros de la Universidad de Córdoba. ¿Cómo os conocistéis y, sobre todo, como surgió la idea del proyecto?

(JDLL) Ignacio Alcalde y yo somos profesores de Antropología Social en la Universidad de Córdoba, y compartimos despacho, por lo que trabajamos codo a codo de forma habitual. En la UCO se oferta desde hace tres cursos un grado universitario en Cine y Cultura, donde el área de antropología social tiene cierta presencia. Queríamos dedicar una parte de la enseñanza sobre antropología audiovisual a las prácticas cotidianas de producción y consumo audiovisual y, en ese sentido, la filmación de películas caseras o la confección de álbumes de fotos familiares nos parecía central.
La Facultad de Filosofía y Letras de la UCO, donde trabajamos, está prácticamente a 100 metros de la sede de Filmoteca de Andalucía y un día visitándola encontramos un tríptico en el que se hablaba del proyecto «Mi Vida». Evidentemente, enseguida sentimos la necesidad de conocer más a fondo este proyecto y otros similares. Y comenzamos a leer todo aquello que encontramos relacionado con el cine doméstico.
Al poco tiempo se unió al proyecto Fernando Cañete, que es graduado en Gestión Cultural y tiene un máster en cinematografía, en el marco del cual realizó prácticas en la Filmoteca colaborando precisamente en las tareas de archivo y digitalización de las cintas donadas al proyecto «Mi Vida». En la actualidad, Fernando está cursando los estudios de doctorado y su tesis doctoral se enmarca en este proyecto de investigación.

 

(ARCHIVOZ) ¿Cuáles fueron los principales objetivos que establecisteis cuando poníais en marcha la propuesta? ¿Se han visto modificados o incrementados con el paso de los meses? ¿A qué se puede deber este cambio?

(JDLL) El proyecto que estamos planteando se encuentra de hecho en sus primeras fases de desarrollo. Las preguntas que nos estamos haciendo en esta primera fase tienen que ver fundamentalmente con los significados y el valor otorgado a estas películas por parte de los distintos agentes implicados en estos proyectos de recuperación de cine doméstico. Entre tales agentes podríamos señalar, evidentemente, a las personas que donan sus películas caseras, pero también el personal técnico de los archivos y las filmotecas, los gestores públicos, o los investigadores, activistas políticos o artistas interesados en reutilizar ese material fílmico en sus proyectos de investigación, de intervención política o creación estética. Nos interesa mucho el cambio que se produce tanto en las funciones como en los significados de este cine cuando son trasladadas del espacio íntimo y restringido del hogar al espacio, en principio mucho más amplio y accesible, de los archivos y filmotecas públicas. Tales significados, por supuesto, no serán unívocos y tendremos que analizar cuáles son las discrepancias que se producen entre unos y otros y en qué medida responden a los contextos de enunciación y a las intencionalidades de cada uno de los agentes.

 

(ARCHIVOZ) Tenéis muy presente en vuestro trabajo términos de Nathalie Heinich como «inflación patrimonial» o las palabras de Barbara Kirshenblatt-Gimblett sobre patrimonio cultural. ¿Podrías profundizar en estas claves? ¿Cómo enriquece el contexto patrimonial el cine doméstico?

(JDLL) Una de mis principales líneas de investigación son las políticas patrimoniales y los procesos de patrimonialización. De modo que, desde un primer momento, me pregunté si este interés de los archivos y las filmotecas por el cine doméstico podría ubicarse en ese contexto de “inflación patrimonial”, definido por Nathalie Heinich y que se refiere a la ampliación progresiva de la noción de patrimonio, que ha llegado a abarcar cada vez más objetos y expresiones culturales, y cada vez más cotidianos y alejados de las construcciones monumentales. Algo que viene sucediendo desde la aprobación en 2003 de la Convención de la UNESCO sobre Patrimonio Inmaterial, e incluso antes, desde la década de los sesenta y la introducción de la noción de ‘bienes culturales’. No voy a entrar ahora a valorar este hecho. Pero sí que me parece significativo que, si efectivamente se le estuviera dando un tratamiento patrimonial a las películas domésticas, podría decirse que se está traspasando una última frontera: la de la vida doméstica y la intimidad. O dicho de otra forma, se le estará dando un tratamiento público a películas producidas en el hogar y cuyos espectadores, a priori, iban a ser exclusivamente los miembros de la familia y personas muy allegadas.
Lo que si parece claro es que la idea de una “segunda vida” que, según Barbara Kirshenblatt-Gimblett, obtendrían todos los objetos patrimonializados, encaja perfectamente con los nuevos usos que adquieren o potencialmente pueden adquirir las películas familiares. Los significados y usos de estas películas necesariamente se van a ver transformados con su traslado a las filmotecas, lejos de sus contextos originales de producción. En cierto modo, como ha dicho Gil-Manuel Hernández, los elementos patrimonializados podrían asemejarse a los zombis: cuerpos a los que, después de haber perdido su funciones y significados primigenios, se les insufla una nueva vida que no tiene mucho que ver con la anterior.

 

(Sigue en Parte II)

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