Descolonizando el archivo: Responsabilidades para investigadores y profesionales de los archivos

Introducción

Los investigadores y archivistas que trabajan con fondos coloniales se enfrentan a una serie de retos que derivan de los contextos históricos de estos materiales: de dónde proceden, cómo se reunieron (o separaron), y quién ha sido su custodio. En estas circunstancias, es importante que los profesionales contemporáneos no repitan o afiancen errores del pasado. En el clima actual, en el que ya no es posible ignorar o silenciar los debates sobre la descolonización de las colecciones y repatriación de objetos, las instituciones de alto nivel tienen que actuar, y los investigadores y profesionales de los archivos tienen la responsabilidad de responder a los errores de las generaciones pasadas.

En primer lugar, debemos compartir los archivos que utilizamos o cuidamos con las personas a las que se refieren, permitiéndoles acceder a lo que se perdió o, en la mayoría de los casos, se les arrebató. En segundo lugar, tenemos la responsabilidad de volver a conectar los archivos que han sido dispersados y perturbados por el colonialismo. Por último, tenemos que escribir con responsabilidad: en lugar de absorber los errores del pasado, tenemos que corregirlos. Los investigadores y los archiveros deben trabajar juntos para cumplir con estas responsabilidades, y en este artículo se esbozan algunas formas de hacerlo, con ejemplos tanto de mi propia investigación como del ámbito más amplio.

 

Comparte tu archivo con las personas con las que se relaciona. Conéctalos con lo que han perdido/lo que les han quitado.

La forma más clara y radical de conectar audiencias de antiguas colonias, con aquellos que han perdido es la repatriación y restitución de objetos. Numerosas instituciones han empezado a explorar esto. Recientemente, el Museo Nacional del Ejército de Londres, ha devuelvo mechones de pelo que pertenecieron al Emperador Tewodross II de Etiopia. De forma similar, entre otros proyectos, el Museo de Pitt Rivers en Oxford está comprometido en una colaboración permanente con la comunidad Maasai, que ha permitido hasta ahora, no solo la repatriación de objeto, pero también as replanteamiento de la forma de describir y exponer los objetos.

Al igual que los museos, los archivos son también depósitos de objetos cómo documentos, fotografías y cartas. Además, deben trabajar con los investigadores para determinar como sus colecciones pueden haber creado ausencias notables e injustas en otros lugares. En algunos casos, puede que sea necesario “devolver” los objetos, o al menos replicarlos y hacerlos accesibles a las comunidades de las que fueron (en algunos casos a la fuerza) arrebatados. Los archivos pueden contener las letras de algunos parientes, fotografías de antepasados o documentos que pueden dar conocimientos de su historia familiar, ya sea buena o mala.

Así ocurrió cuando Elizabeth Blackwood, investigadora de Oxford, llevó a esa comunidad fotografías antropométricas referenciales del pueblo Kainai de Alberta (Canadá) durante un proyecto de repatriación visual. Las fotografías permitieron a los Kainai contar historias de su pasado sin utilizar «las palabras del hombre blanco», que eran los únicos registros físicos anteriores. Adjuntar sus propias historias a las fotografías les ayudó a preservar sus historias (Peers y Brown, 2009, p. 266). Muchas de las fotografías repatriadas se utilizan ahora en las historias genealógicas y actúan como estímulos visuales para historias que normalmente eran orales. Elizabeth Edwards escribe que «la repatriación visual consiste en encontrar un presente para las fotografías históricas» y que trabajar con las fotografías de esta manera también ayuda a democratizar el uso de las colecciones, obligando a las instituciones a reconsiderar si son las verdaderas propietarias de esos objetos (Peers y Brown, 2009, p. 266).

Personalmente, como investigadora situada en lo que fue el centro de un imperio, he tenido un acceso privilegiado tanto al material que no está disponible en su país de origen, como a una serie de subvenciones, becas de viaje y otras vías de financiación que me han permitido visitar archivos inaccesibles para mis compañeros basados en antiguas colonias. Gracias a la creación de asociaciones con archivos y museos del Caribe, he podido conectar mi investigación con las comunidades para las que era más relevante. En lugar de esperar a compartir la versión final de mi tesis o de mis trabajos académicos, compartí información sobre fotografías que había encontrado en otras colecciones del Reino Unido, Estados Unidos y el Caribe. Como resultado, el recién inaugurado museo militar de Newcastle, en Jamaica, pudo incluir en su exposición permanente fotografías de un álbum que yo había visto en la Biblioteca Beinecke de Yale. Era importante que las Fuerzas de Defensa de Jamaica tuvieran acceso a estas imágenes y las poseyeran para conectarlas mejor con su propia historia. Si hubiera esperado a que mi tesis se publicara tres años después, no habría sido posible incorporar las imágenes a las exposiciones.

 

Volver a conectar los archivos dispersos y alterados por el colonialismo.

Cuando se trabaja con archivos dispares, es común encontrar elementos que se han replicado en diferentes instituciones. Esto es, tal vez, cierto en fotografías y materiales impresos en los que numerosas copias habrían circulado a través del Imperio Británico (u otros europeos). En algunos casos, podemos encontrar partes de un archivo distribuidas en diferentes instituciones. Como investigador, puede ser satisfactorio encontrar diferentes piezas del puzzle en distintos lugares, pero ¿con qué frecuencia se informa a esas instituciones de lo que se ha encontrado en otros lugares? Al realizar una investigación en la Biblioteca Nacional de Jamaica, me encontré con un álbum compilado por Richard Glynn Vivian, que recorrió el Caribe en la década de 1860. El álbum contenía tres fotografías de soldados individuales del Regimiento de las Indias Occidentales, una de las cuales ha sido digitalizada y puede verse en línea. Tras investigar sobre Glynn Vivian, descubrí que era un prolífico coleccionista y que toda su colección fue legada a lo que hoy es la Galería de Arte Glynn Vivian de Swansea (Gales). Cuando me puse en contacto con la galería para preguntar por los materiales correspondientes de su colección, resultó que no sabían que existía un álbum de recortes de Jamaica. Pude ponerlos en contacto con el conservador correspondiente de Jamaica para que averiguaran más sobre el álbum, mejorando así su conocimiento de la época de Glynn Vivian en el Caribe.

La galería tuvo otros tres de sus albumes, pero otros materials, relacionados con su viaje a Jamaica. De todos modos, me pusieron en contacto con la institución que custodia los diarios de Gynn Vivian. En ellos, había registrado el momento exacto en que había adquirido las fotografías. En la entrada del diario del 10 de febrero de 1969, Gynn vivia escribió “Llegué a Barbados…He tenido una Alegría Matutina en la Ice House. Compré fotos de soldados Negros” A través de las conexiones que hice durante mi investigación fue capaz de poner juntos archivos que habían estado separados por un océano, permitiendo un mejor entendimiento de las colecciones y contar mejor las historias destacadas en ellos.

Los investigadores académicos descubren continuamente vínculos y correlaciones entre colecciones. Sin embargo, este aspecto de su trabajo rara vez se comparte explícitamente en alguna publicación. En colaboración con los profesionales de los archivos, deberían dar a conocer estas conexiones y compartir conocimientos que podrían ayudar a otros a comprender mejor los vínculos coloniales entre instituciones y personas que a menudo se encuentran justo debajo de la superficie.

 

Escribe responsablemente. No absorbas los errores del pasado, corrígelos.

Finalmente, como archivistas e investigadores, es importante que nuestra escritura no afiance errores del pasado, pero que busque corregirlos para hacer las colecciones, y la escritura sobe ellas, más accesible e inclusiva Hace poco trabajé en una exposición con un socio comunitario y, durante la fase inicial de selección de objetos, pasé mucho tiempo con el sistema de gestión de colecciones y el catálogo de la biblioteca de un museo. Algunas de las cosas que vi me impresionaron. En los registros referidos a impresiones y dibujos que incluyen personas de descendencia africana, el término “negro» seguía siendo usado para referirse a ellas. Una de las descripciones usaba la palabra negro cuatro veces en la misma frase. Inicialmente, pensé que los registros podían ser viejos, o que alguien había copiado la información que había estado previamente en la cartela. Desafortunadamente los registros eran de 2007, momento en el que un gran volumen de material conectado con la historia caribeña africana había sido accesible. Me inquietó lo que había encontrado, pero me alegré de haber sido yo, y no el socio comunitario de una organización del patrimonio de África Occidental, quien había encontrado estos registros.

 

Una busqueda de la palabra “negro” en la descripcón de todos los registros, encontró 99 entradas en las que había sido utilizada, no en el título (que podria haber sido copiado del original), pero en la descripción escrita por el catalogador. Palabras como esta no son solo palabras. Simbolizan la opresión y la degradación de las mismas comunidades a las que las organizaciones del patrimonio se esfuerzan por atraer. Las organizaciones tienen que mejorar su compromiso con estos públicos, y la comprobación de las bases de datos para el uso apropiado del lenguaje puede hacerse rápidamente. Las correcciones pueden llevar tiempo, pero son esenciales si queremos sacar las bases de datos de las colecciones del pasado colonial. Para obtener orientación sobre palabras potencialmente delicadas y ofensivas, los archiveros pueden consultar Words Matter, «una guía inacabada sobre la elección de palabras en el sector cultural» compilada por el Museo Nacional de las Culturas del Mundo de los Países Bajos (Tropenmuseum, Afrikamuseum, Museum Volkenkunde). La guía puede servir de punto de partida para analizar las palabras que pueden aparecer en sus archivos y empezar a buscar en sus bases de datos para editarlas o contextualizarlas. También puede considerar la posibilidad de añadir palabras que puedan faltar. En los casos en los que estas palabras sean citas directas de documentos o títulos históricos, deben colocarse siempre entre comillas.

Al trabajar con colecciones coloniales, sobre todo con documentos de archivo, es fácil familiarizarse en exceso con el lenguaje que utilizan y absorberlo. Para contrarrestarlo, añada un paso más al proceso de corrección. Del mismo modo que comprueba las faltas de ortografía, la gramática y las repeticiones, revise la elección de palabras y el uso del lenguaje, y sea muy cauteloso con los prejuicios inconscientes. ¿Hay frases en las que tu lenguaje implica la superioridad de las autoridades coloniales o de la cultura occidental? Por ejemplo, «los soldados africanos no sabían hablar inglés» debería escribirse como «los soldados ingleses y africanos no compartían una lengua común».

 

Conclusión

Los archivos pueden descolonizarse si los profesionales de los archivos y los investigadores trabajan juntos para descubrir las pruebas del colonialismo y tomar medidas para remediarlo. Allí donde el colonialismo ha separado los archivos, deben unificarse, al menos digitalmente. Los investigadores tienen la responsabilidad de informar a los archivos con los que trabajan cuando encuentran el material correspondiente en otro lugar. Los archivos deben compartirse con las comunidades para las que son más relevantes, especialmente cuando esas comunidades no tienen los fondos o medios para acceder al archivo en su estado actual. En algunos casos, esto podría significar la devolución de los artículos a sus comunidades de origen, pero al menos debería significar la colaboración con esas comunidades para redefinir y reutilizar los materiales. Los archiveros y los investigadores pueden colaborar para identificar estas comunidades y trabajar con ellas para desarrollar proyectos de participación. Por último, al escribir entradas de catálogos, blogs o artículos, debemos revisar nuestro trabajo para eliminar cualquier lenguaje colonial que se haya colado debido a la excesiva familiaridad con dichas palabras. Asimismo, es fundamental comprobar si hay sesgos inconscientes, por si hemos reproducido inadvertidamente los tonos y los supuestos del periodo colonial al describir a diferentes grupos de personas, sus lenguas, culturas y costumbres.

Los archivos pueden descolonizarse y hacerse más atractivos y accesibles para todas las comunidades. Los investigadores y los archiveros deben trabajar juntos para conseguirlo.

 

 

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