Zuriñe Piña Landaburu

Doctora en Ciencias de la Documentación por la Universidad Complutense de Madrid, donde también obtuvo el Grado en Información y Documentación y el Máster en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos. El título de su tesis doctoral es “Ontología de la Guerra civil española”, dirigida por el Dr. Juan Antonio Martínez Comeche, que obtuvo la nota de Sobresaliente Cum Laude. Actualmente trabaja como Document controller en la consultoría Advisian de la ingeniería australiana Worley Parsons, aunque tiene tres años de experiencia en este sector en diversos proyectos de ingeniería y dos más en el ámbito de documentación y bibliotecas.

La patente del aeroplano

El 22 de mayo se cumplen 112 años de un hecho que cambió no sólo la forma de movernos, sino también nuestra percepción del mundo: la patente del aeroplano, inventado por los hermanos Wright. Tras su primer vuelo en 1903, perfeccionaron su invento a lo largo del año 1905 e intentaron venderlo a distintos países, si bien en un principio tuvieron problemas al respecto debido a que se negaban a hacerlo sin compromiso de compra, y los distintos países desconfiaban acerca de la viabilidad del invento. Finalmente, en 1908 la Oficina de Patentes de Estados Unidos registró el aeroplano: un aparato de vuelo más pesado que el aire, impulsado a motor, capaz de realizar uno de los sueños más antiguos de la Humanidad, es decir, volar.

En este vídeo podemos ser testigos del primer vuelo de los hermanos Wilbur y Orville Wright, en el año 1903 en Kitty Hawk, Carolina del Norte.

Albert Camus, sobre la felicidad

En tiempos de confinamiento por el virus COVID-19, muchas personas se han refugiado en la lectura para obtener no sólo distracción, sino también respuestas y un sentido a la situación que estamos viviendo. Hay muchas obras literarias que han tocado temas relacionados con las pandemias, la reclusión y las consecuencias de las epidemias en los seres humanos y en la sociedad; por estas razones, obras como “Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago, o “La peste”, de Albert Camus, han vivido un gran repunte en sus ventas. Esta última novela es una reflexión sobre la solidaridad y el sentido de la vida en el contexto de una ciudad argelina azotada por la epidemia. Se trata de temas cuyo autor, ganador de un Nobel de Literatura, tuvo en cuenta tanto en su faceta de escritor como dramaturgo y filósofo. También es una llamada a la esperanza, tan necesaria en estos tiempos. Os invitamos a escuchar esta reflexión acerca de la felicidad en boca de este escritor.

Entrevista a Agnes Gatlin, superviviente de la pandemia de gripe de 1918

En tiempos de crisis sanitaria debido a la pandemia del virus COVID-19, no podemos dejar de recordar otras pandemias que han afectado a la Humanidad. En este aspecto, la más cercana y similar en el tiempo es la llamada gripe española, que en el año 1918 acabó con la vida de entre 20 y 40 millones personas y afectó de forma sustancial a la Historia del siglo XX. Si bien existe abundante documentación al respecto que analiza esta epidemia desde puntos de vista médicos, económicos o sociales, no debemos olvidar la perspectiva humana de las personas que la vivieron.

Para ello, una de las mejores formas de acercarse a esta dimensión de la epidemia es escuchar los testimonios de los protagonistas que la vivieron en primera persona; este es el caso de Agnes Gatlin, de 100 años de edad, que en 2007 ofreció una entrevista sobre su vivencia de la epidemia y que ha podido llegar a nosotros gracias al Departamento de Archivos e Historia de Alabama. Una vez más, podemos apreciar la labor de los archivos como vehículos para la transmisión de la perspectiva y la memoria de los protagonistas directos de los acontecimientos históricos.

Rosario Pi, directora pionera de cine español

Por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, 8 de marzo, es habitual que existan iniciativas para dar a conocer a mujeres que han sido históricamente poco conocidas debido a su género. Aunque cada vez se reivindican más las figuras femeninas relevantes, a nivel popular existen muchas mujeres que, a pesar de su importancia y validez, no son reconocidas. En relación al mundo audiovisual, desde los inicios del cine hubo mujeres, como Alice Guy, que fueron importantes pioneras, tal y como hemos mostrado en anteriores artículos de Archivoz. Pero no podemos olvidar que también en nuestro país hubo mujeres que implicaron un antes y un después en la naciente industria del cine.

Este es el caso de Rosario Pi, directora y productora de cine (1899-1967). Gran aficionada al cine y con una visión muy adelantada sobre los papeles femeninos, en el año 1931 fundó, junto con dos socios más, la productora Star Films, decisiva para la implantación del cine sonoro en España. Su figura cayó en el olvido debido a que durante la Guerra Civil sufrió el boicot del bando republicano y, posteriormente, la dictadura franquista menospreció su obra debido al papel de la mujer que defendía. En este vídeo podemos ver un fragmento de su película “El gato montés” (1935), adaptación de la zarzuela homónima, donde introduce personajes femeninos fuertes e independientes e incluso elementos surrealistas.

Tras las escenas: la industria del cine en 1919

Hoy en día, el proceso de realizar una película de Hollywood es una empresa que implica una gran inversión, el trabajo de una gran cantidad de profesionales y una gran coordinación de distintos equipos. En los inicios del cine el proceso era mucho más artesanal, y los papeles que hoy implican a distintos equipos de profesionales eran mucho más individuales e incluso intercambiables. En esta grabación, fechada en el año 1919, podemos observar el trabajo de cámaras, directores, actores, iluminación… En definitiva, todas las labores necesarias para crear una película en los albores del cine.

La Puerta de Jaffa,1897 (Jerusalén)

La Puerta de Jaffa es uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles de la ciudad de Jerusalén. Construida como acceso a la ciudadela de la Torre de David, es la única puerta abierta en el lado occidental de la Ciudad Vieja, siendo el lugar donde se juntan los caminos a Jaffa y Hebrón.

Se trata de un símbolo de esta ciudad, conocida como la “ciudad de las ocho puertas” y sagrada para las tres religiones monoteístas, además de ser un punto de acceso a una ciudadela que existe desde el II a.C. Si bien ha sufrido cambios con el paso del tiempo, la existencia de documentación audiovisual de épocas anteriores nos ayuda a conocer su importancia tanto arquitectónica como simbólica. Es el caso de esta grabación, fechada en el año de 1897 y donde podemos ver la fusión cultural que caracteriza a esta ciudad, con la mezcla de personas con ropas de distintas tradiciones y religiones.

Juego de Tronos, los libros encadenados y el acceso al conocimiento en la Edad Media

El fenómeno de la serie “Juego de Tronos” ha sido uno de los principales revulsivos de la ficción televisiva de los últimos años. La serie de la HBO, basada en la saga de novelas “Canción de Hielo y Fuego” del escritor George R.R. Martin, ha acercado al público general su rico imaginario fundamentado en la mezcla de intrigas y luchas de poder entre las casas nobiliarias del imaginario mundo de Poniente con elementos de la más pura fantasía, como la magia y los dragones.

Su trama se enmarca en un entorno de inspiración medieval, pero cuyas bases históricas son tan reales como la Guerra de las Rosas, uno de los conflictos clave de la historia medieval inglesa. Por su parte, la complejidad de sus personajes –muy alejados de la clásica imagen de héroes y malvados- hace que el espectador pueda sentir empatía por ellos y entre de lleno en la historia.

Uno de los principales elementos de este universo es la verosimilitud, es decir, la “coherencia interna” de la que hablaba Tolkien. Esto se debe, en gran parte, a su inspiración en múltiples elementos de la Historia del “mundo real” de manera magistral, creando un universo fácilmente reconocible y lleno de lógica interna. Podemos hallar paralelismos con muchos aspectos de nuestro mundo: la citada Guerra de las Rosas con la Guerra por el Trono de Hierro, las tribus nómadas de las estepas con los dothraki… Y esta coherencia también aplica a aspectos como el desarrollo tecnológico y la estructura social, que en el mundo en el que nos encontramos tiene claros paralelismos con la sociedad feudal de la Edad Media.

Por su parte, podemos afirmar que el acceso al conocimiento es el reflejo y resultado de su realidad social. Teniendo en cuenta esto, procedemos a explicar el acceso dentro de mundo de Juego de Tronos y su paralelismo con la Historia medieval europea, centrándonos en uno de los aspectos más significativos: los libros encadenados.
Como sabemos, en la Edad Media el saber estaba circunscrito a un entorno delimitado: la Iglesia, o más concretamente, los monasterios. Este fenómeno es una constante a lo largo de esta época, aunque existe una evolución: en la Baja Edad Media asistimos a la aparición de las primeras universidades, gracias a la proliferación de las ciudades y a una serie de avances económicos y sociales. Debido a esto, la progresiva ruralización que la sociedad europea vivió desde finales de la Antigüedad comenzó a desestabilizarse.

Pero para llegar a este punto aún faltan muchos siglos; mientras tanto, los únicos centros del saber de la Europa Occidental fueron los monasterios, verdaderos entornos de educación y preservación del conocimiento. Estamos ante una sociedad fundamentalmente analfabeta; incluso entre las clases nobiliarias, saber leer y escribir no siempre era lo habitual. Los monjes se dedicaban a la copia y conservación del saber antiguo; esto no quiere decir que se mantuviera todo este conocimiento, ya que existía una purga y censura de los libros considerados poco afines a la doctrina. A pesar de ello, su labor es encomiable: es casi seguro que el conocimiento clásico no se hubiera mantenido sin estos letrados, copistas y bibliotecarios.

El universo de Juego de Tronos se entronca en un entorno similar. El conocimiento está en manos de la Orden de los Maestres, que es una organización que existe en la imaginaria ciudad de Antigua. Viven en un lugar llamado “la Ciudadela” y dedican su vida al estudio, investigación y erudición, siendo a menudo el lugar al que las casas nobiliarias envían a sus hijos menores. Sus paralelismos con los monjes son obvios, aunque también son similares a las primeras universidades: han de realizar una serie de votos, como el de castidad, y comienzan su andadura como novicios.

En la práctica, se trata de una orden de sanadores, consejeros y sabios. Es una orden masculina y tienen, como en Alejandría, una biblioteca en la que se puede acceder al conocimiento que ha podido acumular esta sociedad. Pero en este entorno el conocimiento se limita a las élites. El acceso a los libros es muy difícil, ya que sólo se espera que acceda a ellos esta élite cultivada. El reflejo más claro de este fenómeno son los libros encadenados de la Biblioteca de la Ciudadela, que tienen su paralelismo con las bibliotecas medievales.

Antes de la invención de la imprenta, el libro era un bien muy caro y sólo al alcance de unos pocos. Sólo una pequeña parte de la sociedad tenía libros, debido a su coste y a la extensión del analfabetismo. En las primeras bibliotecas universitarias era muy habitual que estuviesen encadenados, tanto por el miedo al robo como por la forma de consulta: se consultaban en la misma sala, habitualmente en atriles, y no se esperaba que salieran de allí. Era el reflejo de una sociedad con una escasa difusión cultural y científica, al igual que lo es Poniente.

Esta visión cambió, por supuesto, gracias a Gutenberg y su revolucionaria creación: la facilidad de fabricación de nuevos libros y el abaratamiento de sus costes hizo que, a partir del Renacimiento, una oleada de cultura escrita recorriese Europa y, después, el mundo. Quizás podamos asistir a la aparición de un pionero impresor ponienti y a la entrada de estos personajes en la Edad Moderna. Eso sí, con dragones.