Yolanda López López

Yolanda López López (Compostela, 1975) es doctora en Historia del Arte por la USC donde realizó, además, estudios de Periodismo. Completó su formación con un Postgrado en Teatro y un Máster en Edición. Ha trabajado en investigación y programación cinematográfica, tanto en productoras audiovisuales como en festivales de cine y salas independientes. Ha desarrollado su labor docente en diferentes másteres universitarios y cursos de español para extranjeros. Con una larga trayectoria como gestora cultural, cuenta además con experiencia como documentalista y community manager. En la actualidad trabaja en un nuevo libro que saldrá de imprenta en pocos meses.

“Tenemos que transmitir a la sociedad el valor patrimonial de este trabajo como un bien público”: Lourenzo Fernández Prieto y Antonio Míguez Macho, miembros de HISTAGRA (Parte II)

El proyecto Nomes e Voces estudia la represión franquista durante la Guerra Civil y su posterior dictadura en Galicia. Impulsado desde el departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela se insertó en el marco del “Ano da Memoria” (2006) promovido por la Consellería de Cultura e Deporte de la Xunta de Galicia.  Las cifras recogidas en su web no dejan lugar a dudas sobre el volumen ingente de trabajo: 512 entrevistas (tanto a supervivientes de la época como a familiares directos), 2.799 causas vaciadas, más 12.600 fragmentos de sonido, 3.470 entradas de registros de defunciones (recorriendo registros civiles de Galicia y ayuntamientos limítrofes con Zamora), 9.600 entradas bibliográficas o 22.340 ítems de imágenes recogidas, provenientes en su mayoría de las familias de las víctimas. Tras la primera parte de la entrevista publicada el 9 de julio, Retomamos la charla en las reflexiones sobre las entrevistas a supervivientes o familiares como herramienta clave en la investigación.

(ARCHIVOZ) ¿Existe esa condición balsámica para las víctimas en un proyecto que aboga por la conciliación con el pasado?

Rotundamente sí. La experiencia con las entrevistas fue siempre de agradecimiento. Todos y todas se mostraron amables con nosotros, y además nos facilitaron enormemente el trabajo. Para ellos, que desde la Universidad nos preocupásemos por su historia y sus recuerdos, fue otorgarles un valor que hasta ese momento se había quedado de puertas para adentro. No sé si tanto como conciliación con el pasado, pero desde luego si que tuvieron la sensación, y así nos lo decían, de que por fin se hacía caso de sus historias que muchas veces no habían contado a nadie, ni a sus hijos, y que nos las contaban a nosotros.

(ARCHIVOZ) Y, sobre todo, ¿las expectativas de lo que esperabais encontraros se han visto acrecentadas? ¿En qué medida?

Cuando estábamos preparando el cuestionario tipo de entrevista, que después se adaptaba a cada experiencia, nuestra intención primera era preguntar por nombres de represaliados ya fueran asesinados, encarcelados, escondidos o huidos. También, la violencia ejercida sobre la mujer, desde las rapadas, las violadas o las maltratadas, un tipo de violencia que no aparece en la documentación tipo –causas militares, registros de cárceles o documentación gubernamental-. En todos los casos el testimonio superó nuestras expectativas. La gente no solo nos hablaba de sus familiares o conocidos, también de vecinos o familias que por las circunstancias violentas del momento, los unió. Hijos de agricultores que son amigos de hijos de abogados o médicos y cuya relación se basó en que los padres de ambos compartieron celda y muerte, y que por lo tanto nos cuestan su experiencia y la del otro, pudiendo de esta forma cruzar datos y corroborarlos. Asimismo, fuimos siendo conscientes de que los asesinos eran pocos y conocidos por todos y aunque eran reticentes a dar nombres (nos decían para no molestar a los hijos que no tienen culpa de los que hicieron sus padres), sí que eran reconocidos y en un mismo lugar, se repetían los mismos nombres. También nos proporcionaron ubicaciones casi exactas de los espacios de violencia, muchos de ellos olvidados por la ciudadanía y que gracias a su testimonio son ahora recuperables. Por último, y esto sí que no lo esperábamos, la gran mayoría de las familias guardaron cartas, testimonios escritos, fotografías o materiales (herramientas, peines, figuras…) de sus allegados asesinados. Multitud de estos elementos están ahora a disposición del personal investigador, escaneados y accesibles porque lo primero que esta gente exigía a la hora de prestarlos para su reproducción es que su uso fuese abierto y siempre gratuito. Son más de 20.000 imágenes de todo tipo que, aunque ahora no se puedan prestar debido a que nomesevoces.net, como indicamos, está en hibernación, estarán a disposición de cualquier persona interesada más pronto que tarde.

(ARCHIVOZ) Además de la difusión que lleváis a través de publicaciones especializadas e informes, así como la información alojada en vuestra propia web y redes sociales, ¿cuáles son las actividades que desarrolláis para dar a conocer tanto el proyecto como los resultados de la investigación?

En primer lugar la presencia del personal investigador en diversos congresos nacionales e internacionales sobre historia oral, genocidio, franquismo, violencia, constituyen la mejor plataforma para dar a conocer nuestro trabajo a otros compañeros así como poder intercambiar datos y experiencias. La presencia en congresos internacionales (Oral History-Praga, 2010 Ciencias Históricas-Amsterdam 2010, AAEI-Taffs 2008) o la presentación de resultados en el Congreso de rendición de cuentas, también en 2010: Memoria de Guerra Cultura de Paz en Europa y América. También es de destacar la presentación en conferencias y seminarios en varias universidades norteamericanas (Princeton, CUNY, Columbia, Pittsburg, Hoffstra, Texas-Tech).

En segundo lugar, una de las premisas que teníamos en nomesevoces.net y que mantenemos en HISTAGRA, es acercar a la ciudadanía el resultado de nuestro trabajo apostando, de este modo, por la transferencia del conocimiento a la sociedad, uno de los puntos básicos de la investigación. Colaboramos con cuanta iniciativa cultural surge: documentales, películas, periódicos, webs, libros, folletos o visitas guiadas. También atendemos, dentro de nuestras escasas posibilidades, a las demandas que desde asociaciones culturales non hacen, tanto en la presentación de libros o mediante conferencias y debates. A este respecto, la presencia en acontecimientos tales como la inauguración de plazas, homenajes a represaliados, colaboración en libros colectivos es asidua.  En los últimos años, hemos realizado varias muestras expositivas con el material y que pueden ser consultadas en nuestra web. Una de las que más demanda ha tenido, y que próximamente se podrá ver en A Baña durante los meses de agosto y septiembre, es la que produjimos sobre la represión en Santiago de Compostela en 2016 aprovechando la celebración del congreso 1936. Un novo relato? 80 anos, entre historia e memoria y que se pudo ver en la Fundación Eugenio Granell. Ha estado itinerando por los IES (Instituto de Ensinanza Secundaria) de Compostela, Laxe, Lalín, Rianxo e iba seguir por Ribeira, Boiro, A Pobra y Zas, pero por las circunstancias actuales tuvo que ser suspendida.

(ARCHIVOZ) ¿Cuál ha sido la respuesta de los materiales didácticos que habéis preparado a este respecto?

Cuando nos propusimos completar el congreso 1936. Un novo relato? 80 anos, entre historia e memoria con la exposición, nuestra intención fue ofrecer a la ciudad de Santiago un espacio de reflexión sobre el golpe de estado de 1936 y la dictadura. Sin embargo, esta primera intención fue ampliamente superada debido a la demanda que desde las instituciones educativas se nos hizo. Fue el IES Xelmirez II de Compostela que hace algo más de un año nos pidió ayuda ante la proliferación entre el alumnado de actitudes condescendientes sino de justificación ante la violencia franquista, nazi y fascista. Creímos que la exposición,  junto a una conferencia podría amortiguar este tipo de actitudes, que por otra parte, pensábamos que se circunscribían a este centro. La sorpresa fue cuando meses después desde Laxe, se nos planteó lo mismo, desde Rianxo, y desde otros IES compostelanos como el Rosalía de Castro. Ahí nos dimos cuenta de la importancia de este tipo de actividades, algo que expusimos al nuevo gobierno municipal y a la concejalía de Educación que nos mostró su apoyo para poder exhibir todos estos materiales, junto con una charla al alumnado por parte de los comisarios e investigadores.

La necesidad de pedagogía que aún es necesaria para que la gente comprenda la importancia del pasado y su significado en el presente. Clic para tuitear
(ARCHIVOZ) Hace algunos meses inaugurábais en Santiago de Compostela una exposición que recogía distintos espacios de la ciudad en los que hombres y mujeres habían sido paseados, torturados, encarcelados… Eran enclaves de los que la mayor parte de los habitantes compostelanos desconocían su existencia. ¿Cuánto queda por hacer para ser conscientes de nuestro pasado más inmediato?

La exposición Desmontar o franquismo, realizada en colaboración con el Observatorio Europeo de memorias da la Fundación Solidaritat de la UB pretendió ser un espacio de reflexión sobre la simbología  de la dictadura en nuestra ciudad. Realizamos un itinerario en cinco etapas: persistencia, veladuras, amnesias, expropiaciones y ausencias. Reproducimos espacios y simbología  que fueron olvidados por la ciudadanía  de Santiago, así como una cartografía interactiva de la violencia en Galicia. Los visitantes quedaban asombrados que, espacios comunes de su día a día habían sido lugares de terror: la guardería de la Alameda o el aeropuerto de Lavacolla; otros de los que se desconocía su significado anterior a 1936: las sedes de los partidos y sindicatos o los lugares de esparcimiento. Esto nos dio idea de la necesidad de pedagogía que aún es necesaria para que la gente comprenda la importancia del pasado y su significado en el presente. Las políticas públicas de memoria son cada vez más necesarias, y así se entendió desde el ayuntamiento compostelano con la posible firma de un convenio de investigación sobre el estudio e investigación de los lugares de memoria de la ciudad para de este modo cartografiarlos y darlos a conocer a todos, no solo a los habitantes del municipio, también a los visitantes que año tras año se cuentan por miles.

(ARCHIVOZ) ¿Este olvido premeditado es común en otras investigaciones históricas contemporáneas?

Con la memoria del golpe de Estado y de la Guerra Civil, existen ideas enfrentadas que conllevan a ciertos olvidos, recuerdos y lecciones. En nuestra experiencia la mayoría de las personas entrevistadas nos indicaban que no tenían ansias de revancha, que solo querían que a su familiar se le reconociese que había sido asesinado o encarcelado injustamente. Nunca nos reclamaron acciones económicas, solo que se recuperase su memoria. Para la mayoría, poder votar en 1977 y sobre todo la victoria del PSOE en 1982, culminaron muchos de sus deseos. Entendieron estos acontecimientos como la “venganza” a las acciones de la dictadura. Fueron muchos los testimonios que nos dijeron que habían votado al PSOE en honor y recuerdo a su padre, a su hermano o a un conocido.

(ARCHIVOZ) ¿Habéis observado nuevas iniciativas -cooperativas, asociaciones… sensibilizadas con el tema- a raíz de la existencia del proyecto?

Entre el año 2006 y el 2099 fueron muchas las asociaciones locales que se crearon para la recuperación de la memoria de sus vecinos asesinados, con la intención de señalar un lugar de asesinato o realizar una publicación donde se dejara constancia del pasado traumático de la localidad. Iniciativas locales que nos ayudaron mucho, ya que si pudimos llegar a familias y archivos privados fue gracias e ellas. Con la desaparición de las ayudas públicas a partir de 2009, aunque muchas siguieron trabajando, lo hicieron en precario, además con el problema de la edad avanzada de muchos socios y la falta de relevo generacional. Es verdad que, desde hace un par de años, parece que vuelven a resurgir algunas, con gente nueva en las directivas y que retoman algunos de los proyectos con los que se habían puesto en marcha, pero desde luego nada comparado con la explosión de 2006.

(ARCHIVOZ) ¿Cuáles son los límites y prospectivas del proyecto?

Todo el patrimonio del proyecto documental, oral y gráfico, así como la base de datos, está ahí, en uso. Lo que tenemos que conseguir transmitir a las autoridades y también a la sociedad en su conjunto es el valor patrimonial de este trabajo, entendido como un bien público. Por ello, incluso antes de conseguir financiación, es fundamental la concienciación. Si sabemos que tenemos entre manos algo muy valioso, es mucho más sencillo encontrar formas de hacerlo viable. De ahí en adelante, se ensancha el horizonte y las posibilidades en términos de investigación, relación con el público, recursos a disposición de la sociedad, son muy amplios.

La constitución de un Centro da Memoria que daría cabida, soporte y continuidad al proyecto en términos de investigación, documentación e interpretación, sería imprescindible para poder manejar procesar y sacar partido a toda la información recogida y poder ponerla a disposición de la ciudadanía y personas interesadas. Continuar la investigación después de 1940 también. Lo contrario es la ignorancia, el desconocimiento. El principal resultado de la investigación es que el relato del pasado incómodo dominante, el construido por los verdugos que consiguieron y detentaron el poder, era falso, orwelliano y kafkiano. En unas semanas se publica en PUZ un libro colectivo (somos doce autores escribiendo mancomunadamente) que también es producto de las conclusiones de nomesevoces.gal: 1936. Un nuevo relato. De ahí hacia delante queda un mundo por conocer y un océano por trabajar.

“El interés por el cine doméstico responde a la transformación de la noción de intimidad”: Juan de Dios López López, codirector del proyecto «De imagen íntima a patrimonio audiovisual» (Parte II)

Juan de Dios López López lidera junto a dos colegas de la Universidad de Córdoba un proyecto que analiza el creciente interés por el cine doméstico y su reivindicación como parte del patrimonio cinematográfico. Retomamos la charla con él para profundizar en la inclusión de este en las filmotecas y otros archivos públicos.

 

(ARCHIVOZ) ¿Cómo ha sido la respuesta por parte de los particulares (de los dueños o sus descendientes) en cuanto a la cesión de los materiales? ¿Cuáles son las ventajas para ellos? Ceden un poco de su «intimidad» al compartir imágenes del entorno familiar pero por contra ¿qué reciben? ¿Cuáles crees que son las bazas para que instituciones como archivos o filmotecas se muestren interesadas en estas cintas?

(JDLL) Hay varios motivos que pueden llevar a donar estos materiales. En primer lugar, por supuesto, la posibilidad de obtener gratuitamente una copia digitalizada de las películas. Mucha gente ya no cuenta con el proyector y lleva mucho tiempo sin ver sus películas familiares grabadas en Super-8 (y esto está comenzando también a pasar con formatos más actuales como el VHS), por lo que tener una copia digitalizada les da la oportunidad de volver a ver sus películas grabadas hace 40 o 50 años, la oportunidad de ver imágenes en movimiento de seres queridos que ya no están, etc. En el caso del proyecto “Mi Vida” de la Filmoteca de Andalucía, la cesión del material puede ser temporal. Es decir, que una vez digitalizada la cinta, el donante puede depositar la cinta original en la filmoteca o llevársela de nuevo a casa.
Pero también hay otros motivos, y esto son hipótesis con las que estamos trabajando, como, por ejemplo, que se hayan heredado esas películas y ya no signifiquen mucho personalmente porque no se conoce quiénes son las personas que aparecen filmadas. Podría ser una bisabuela o un tío lejano de quienes apenas conoces nada, porque no te han contado las historias que hay detrás de la película. Entonces, hay poco apego al material, pero consideras que puede ser importante quizás desde un punto de vista histórico o de la investigación. O, incluso, puedes tener la esperanza de que llegue a alguien que te pueda contar esas historias olvidadas. En cualquier caso, dilucidar cuáles son esos motivos forma parte de nuestros objetivos de investigación.

(ARCHIVOZ) Quizá por cercanía cultural y territorial uno de los proyectos que más os toca es «Mi Vida» de la Filmoteca de Andalucía. ¿Podrías comentarnos en qué se basa, qué tipo de materiales reúne y cómo se organizan?

(JDLL) El proyecto de la Filmoteca de Andalucía surge en 2016 con la intención de recopilar cine doméstico producido en Andalucía en formatos que, por el paso del tiempo, corren riesgo de deterioro o pérdida, como el 16mm o el 8 mm. Pero sobre todo, el popular Super-8, que es el formato que más se ha donado. La Filmoteca ha puesto en marcha varias campañas solicitando donaciones, pero el proyecto sigue abierto de modo continuo y sigue recibiendo películas. Como bien dices, el proyecto ”Mi Vida” nos toca de cerca puesto que trabajamos justo al lado de la filmoteca andaluza. No obstante, lo interesante es que no se trata de un proyecto aislado, sino que se inscribe en un conjunto de proyectos similares, interesados en la recuperación de cine doméstico, que se están desarrollando en los últimos años tanto a nivel nacional como internacional. De hecho ya se ha constituido una red, la Red de Cine Doméstico, que une y coordina a varias de estas iniciativas surgidas en todo el territorio del estado español.

 

(ARCHIVOZ) Sois conocedores que en otras comunidades como Murcia, Galicia o Extremadura se están llevando a cabo proyectos similares. ¿A qué factores puede deberse esta sensibilidad hacia el cine doméstico como tendencia?

(JDLL) Creo que tiene ver con varios motivos. En primer lugar, hay que considerar el desarrollo de las tecnologías audiovisuales que, por un lado, han dejado obsoletos los formatos que se están recuperando, como el Super-8, pero también otros como el VHS que creo que no tardará en ser objeto también de campañas de recuperación. Pero, por otro lado, el mismo desarrollo tecnológico ha posibilitado la digitalización de ese material fílmico destinado a perderse. Esta aceleración tecnológica se inscribe también en un incremento del sentimiento de nostalgia por el pasado perdido que está íntimamente relacionado con esa “inflación patrimonial” de la que hablábamos antes. También habría que considerar, a mí juicio, las nuevas tendencias historiográficas que tratan de construir la historia con materiales que vayan más allá de los documentos oficiales y las perspectivas del poder instituido. Tampoco se puede desdeñar al considerar este interés por las películas caseras las propias texturas y cualidades del cine doméstico: su apariencia de verdad, su supuesta ingenuidad, su idealización de la familia, etc.; o, incluso, podríamos apuntar como motivo del interés contemporáneo por el cine doméstico la actual reconfiguración de los espacios público y privado o la propia transformación de la noción de intimidad. Me parece evidente, por todos estos motivos, que el cine doméstico, y las prácticas de archivo en las que está siendo incluido, nos brinda múltiples líneas de investigación fértiles y novedosas.

(ARCHIVOZ) Más allá del formato, del propio valor documental del cine doméstico, una vez que los fondos sean digitalizados ¿podrían surgir nuevos usos como material de recurso y documentación para artistas, universidades, productoras o directores del cine de reapropiación?

(JDLL) Por supuesto, de hecho los ejemplos son ya múltiples. Efrén Cuevas, profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra, ha estudiado a fondo el tema y coordinó en 2010 el libro ‘La casa abierta. El cine doméstico y sus reciclajes contemporáneos’, un trabajo de referencia en nuestro proyecto en el que se analizan varias experiencias de reutilización y reapropiación de películas caseras. Muchos cineastas contemporáneos utilizan metraje doméstico en sus producciones cinematográficas, ya sea como material exclusivo o intercalándolas en el montaje con imágenes rodadas profesionalmente. También la televisión lleva décadas utilizando imágenes domésticas en diversos tipos de programa. Recordemos, por ejemplo, ‘Videos de primera’ realizado casi exclusivamente con vídeos familiares en los que aparecían situaciones cómicas, caídas, golpes, etc. Y, por supuesto, en la actualidad se pueden encontrar múltiples imágenes domésticas o “no profesionales” en los informativos, en programas de entretenimiento, de humor, nostálgicos, etc. La actual recuperación de películas caseras en formato Super-8 y su puesta a disposición de artistas, investigadores o cineastas creo que augura un uso mucho mayor de estas imágenes en producciones y estudios de todo tipo.

 

 

Juan de Dios López López es Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Córdoba y doctor en Antropología Social por la Universidad de Granada. Obtuvo el Premio de Investigación PatrimoniUN10 a la Mejor Tesis Doctoral, concedido por el Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio de la Universidad de Jaén. Es miembro del grupo de investigación Laboratorio de Estudios Interculturales de la Universidad de Granada. Ha trabajado como investigador social tanto en universidades como en otras instituciones públicas y privadas y ha participado en proyectos de investigación nacionales e internacionales sobre patrimonio inmaterial y procesos de patrimonialización, el fenómeno turístico o la pobreza urbana, entre otras temáticas. Junto a Ignacio Alcalde Sánchez y Fernando Cañete Buenestado lleva cabo el proyecto de investigación ‘De imagen íntima a patrimonio audiovisual. La inserción del cine doméstico en el archivo público’.

 

“El interés por el cine doméstico responde a la transformación de la noción de intimidad”: Juan de Dios López López, codirector del proyecto «De imagen íntima a patrimonio audiovisual» (Parte I)

Desde hace algunos años percibimos un interés creciente por recuperar esa parte del patrimonio cinematográfico vinculado al cine doméstico. Diferentes agrupaciones en el territorio español procuran reclamar el protagonismo de cintas caseras, a menudo en formatos que van quedando obsoletos como el Super-8. Esos documentos que recogen celebraciones íntimas, reuniones familiares o encuentros sociales ayudan a reconstruir no solo nuestro pasado sino también la imagen cinematográfica del país. Juan de Dios López López lidera junto a dos colegas de la Universidad de Córdoba un proyecto que analiza esta tendencia y, sobre todo, su inserción en el catálogo de filmotecas y otros archivos públicos. Acercarnos a su investigación nos ayudará a comprender el fenómeno.

(ARCHIVOZ) Antes de nada, aunque actúes como interlocutor en nuestra entrevista, el equipo de trabajo lo completan Ignacio Alcalde Sánchez y Fernando Cañete Buenestado, compañeros de la Universidad de Córdoba. ¿Cómo os conocistéis y, sobre todo, como surgió la idea del proyecto?

(JDLL) Ignacio Alcalde y yo somos profesores de Antropología Social en la Universidad de Córdoba, y compartimos despacho, por lo que trabajamos codo a codo de forma habitual. En la UCO se oferta desde hace tres cursos un grado universitario en Cine y Cultura, donde el área de antropología social tiene cierta presencia. Queríamos dedicar una parte de la enseñanza sobre antropología audiovisual a las prácticas cotidianas de producción y consumo audiovisual y, en ese sentido, la filmación de películas caseras o la confección de álbumes de fotos familiares nos parecía central.
La Facultad de Filosofía y Letras de la UCO, donde trabajamos, está prácticamente a 100 metros de la sede de Filmoteca de Andalucía y un día visitándola encontramos un tríptico en el que se hablaba del proyecto «Mi Vida». Evidentemente, enseguida sentimos la necesidad de conocer más a fondo este proyecto y otros similares. Y comenzamos a leer todo aquello que encontramos relacionado con el cine doméstico.
Al poco tiempo se unió al proyecto Fernando Cañete, que es graduado en Gestión Cultural y tiene un máster en cinematografía, en el marco del cual realizó prácticas en la Filmoteca colaborando precisamente en las tareas de archivo y digitalización de las cintas donadas al proyecto «Mi Vida». En la actualidad, Fernando está cursando los estudios de doctorado y su tesis doctoral se enmarca en este proyecto de investigación.

 

(ARCHIVOZ) ¿Cuáles fueron los principales objetivos que establecisteis cuando poníais en marcha la propuesta? ¿Se han visto modificados o incrementados con el paso de los meses? ¿A qué se puede deber este cambio?

(JDLL) El proyecto que estamos planteando se encuentra de hecho en sus primeras fases de desarrollo. Las preguntas que nos estamos haciendo en esta primera fase tienen que ver fundamentalmente con los significados y el valor otorgado a estas películas por parte de los distintos agentes implicados en estos proyectos de recuperación de cine doméstico. Entre tales agentes podríamos señalar, evidentemente, a las personas que donan sus películas caseras, pero también el personal técnico de los archivos y las filmotecas, los gestores públicos, o los investigadores, activistas políticos o artistas interesados en reutilizar ese material fílmico en sus proyectos de investigación, de intervención política o creación estética. Nos interesa mucho el cambio que se produce tanto en las funciones como en los significados de este cine cuando son trasladadas del espacio íntimo y restringido del hogar al espacio, en principio mucho más amplio y accesible, de los archivos y filmotecas públicas. Tales significados, por supuesto, no serán unívocos y tendremos que analizar cuáles son las discrepancias que se producen entre unos y otros y en qué medida responden a los contextos de enunciación y a las intencionalidades de cada uno de los agentes.

 

(ARCHIVOZ) Tenéis muy presente en vuestro trabajo términos de Nathalie Heinich como «inflación patrimonial» o las palabras de Barbara Kirshenblatt-Gimblett sobre patrimonio cultural. ¿Podrías profundizar en estas claves? ¿Cómo enriquece el contexto patrimonial el cine doméstico?

(JDLL) Una de mis principales líneas de investigación son las políticas patrimoniales y los procesos de patrimonialización. De modo que, desde un primer momento, me pregunté si este interés de los archivos y las filmotecas por el cine doméstico podría ubicarse en ese contexto de “inflación patrimonial”, definido por Nathalie Heinich y que se refiere a la ampliación progresiva de la noción de patrimonio, que ha llegado a abarcar cada vez más objetos y expresiones culturales, y cada vez más cotidianos y alejados de las construcciones monumentales. Algo que viene sucediendo desde la aprobación en 2003 de la Convención de la UNESCO sobre Patrimonio Inmaterial, e incluso antes, desde la década de los sesenta y la introducción de la noción de ‘bienes culturales’. No voy a entrar ahora a valorar este hecho. Pero sí que me parece significativo que, si efectivamente se le estuviera dando un tratamiento patrimonial a las películas domésticas, podría decirse que se está traspasando una última frontera: la de la vida doméstica y la intimidad. O dicho de otra forma, se le estará dando un tratamiento público a películas producidas en el hogar y cuyos espectadores, a priori, iban a ser exclusivamente los miembros de la familia y personas muy allegadas.
Lo que si parece claro es que la idea de una “segunda vida” que, según Barbara Kirshenblatt-Gimblett, obtendrían todos los objetos patrimonializados, encaja perfectamente con los nuevos usos que adquieren o potencialmente pueden adquirir las películas familiares. Los significados y usos de estas películas necesariamente se van a ver transformados con su traslado a las filmotecas, lejos de sus contextos originales de producción. En cierto modo, como ha dicho Gil-Manuel Hernández, los elementos patrimonializados podrían asemejarse a los zombis: cuerpos a los que, después de haber perdido su funciones y significados primigenios, se les insufla una nueva vida que no tiene mucho que ver con la anterior.

 

(Sigue en Parte II)